Hallaron dos cuerpos calcinados dentro de auto cerca de Rosario

ROSARIO.-El hallazgo ocurrió hoy a la mañana en la bajada del Espinillo de Villa Gobernador Gálvez, un descampado a orillas del río Paraná, en las inmediaciones de la planta de Cargill y en el límite con Alvear, a unos 15 kilómetros de Rosario. Alrededor de las 9, tras una llamada al número de emergencias 911 registradoaa las 8.54, la Policía de Santa Fe y los Bomberos de Villa Gobernador Gálvez encontraron un Chevrolet Corsa calcinado con dos cadáveres en su interior: un hombre y una mujer, hasta el momento sin identificar. Vecinos de la zona relataron que se despertaron sobresaltados por una fuerte explosión, la primera señal de que el vehículo ardía a la vera del río. El episodio trágico sumó un componente que profundiza el misterio. Un pescador que dio aviso a la policía advirtió que, mientras el auto se incendiaba, un hombre se arrojó al Paraná y no volvió a salir a flote. Prefectura Naval Argentina montó un operativo de rastrillaje en busca de esa tercera persona desaparecida en el agua. Al momento de los primeros peritajes no se pudo establecer la causa de muerte de las víctimas halladas dentro del auto. La investigación quedó en manos de la fiscal Noelia Navone, de la Unidad de Violencias Altamente Lesivas (Uval) del Ministerio Público de la Acusación, que caratuló el caso como un presunto doble homicidio y coordinó el trabajo de fuerzas provinciales y federales.Más allá de las hipótesis todavía abiertas, la escena remite a una modalidad conocida en el mapa criminal de la región: la incineración de autos como método para eliminar evidencia. Prender fuego un vehículo con un cuerpo adentro persigue un doble objetivo para las bandas narco. Por un lado, dificultar o directamente impedir la identificación de la víctima, porque el fuego destruye tejidos, huellas dactilares y buena parte del material genético aprovechable. Por otro, borrar rastros físicos del propio hecho: casquillos, fluidos, fibras, ADN de los autores y cualquier indicio que un peritaje forense podría reconstruir. Es una forma de complicar el rompecabezas judicial desde el minuto cero, obligando a los peritos a trabajar sobre restos degradados y a recurrir a técnicas más lentas y costosas, como el cotejo odontológico o el análisis de médula ósea.Esa mecánica no es nueva en el cordón que rodea a Rosario. Los caminos rurales de la zona de Pérez —descampados de acceso incómodo, sin iluminación ni cámaras, a pocos minutos de la ciudad pero lo suficientemente aislados como para operar sin testigos— se transformaron en los últimos años en un escenario recurrente para este tipo de maniobras. Allí aparecieron en distintos episodios autos quemados, algunos vinculados a ajustes de cuentas del negocio narco y otros utilizados para deshacerse de cuerpos o de rodados empleados en crímenes. La lógica es siempre la misma: elegir un punto ciego, ejecutar el hecho o trasladar allí a la víctima, y luego encender el fuego para que el vehículo funcione como una suerte de crematorio improvisado que se lleve consigo las pruebas.La combinación de fuego y agua que apareció en la bajada del Espinillo agrega, en ese sentido, una capa adicional de dificultad para la investigación. Si el hombre que se lanzó al Paraná estaba involucrado en el episodio, el río podría demorar semanas en devolver su cuerpo o hacerlo desaparecer del todo, con la consiguiente pérdida de un eslabón clave del caso. Y si se tratara de un testigo o de alguien que intentó huir, la escena se vuelve todavía más enigmática.

Fuente: La Nación