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“Basura, gangsters y avaricia”: el trabajo práctico de una secundaria que expuso una trama de corrupción, mafia y basura ilegal
“Miro alrededor del aula y digo: ustedes son el equipo de noticias más grande del valle del Hudson”, abrió su curso escolar el profesor Fred Isseks. Era 1991 y se dirigía a sus alumnos, adolescentes de entre 16 y 18 años que tenían el mundo en sus manos y mucho tiempo libre. La frase era una especie de arenga que solía usar cada año para darle la bienvenida al nuevo grupo. Era edificante, sí, pero también exagerada: los chicos recién daban sus primeros pasos en el periodismo mientras continuaban con sus estudios secundarios.En el verano de ese año, la escuela secundaria de Middletown, una ciudad del condado de Orange en Nueva York a unos 110 kilómetros al norte de Manhattan, había comprado varias cámaras de video con un objetivo técnico y recreativo: capacitar a los estudiantes en producción audiovisual. Isseks, un profesor de inglés que acababa de terminar una maestría en medios y comunicaciones, iba a estar a cargo del curso, al que dio el nombre de “Inglés Electrónico”. No se parecía a otros profesores, recordaron sus alumnos en un nuevo documental, sino más a un amigo hippie. En ese entonces, intentaba incentivar a los jóvenes a buscar temas locales y cotidianos: deportes escolares o entrevistas amateurs. Tópicos al alcance de un adolescente.El grupo se entusiasmaba. Invitaban a representantes locales al colegio, donde habían armado una especie de estudio, para tener debates políticos, una actividad que hoy llama la atención y que, en ese momento, pocos imaginaban que iba a decantar en el descubrimiento de uno de los casos de corrupción y desechos tóxicos ilegales más grande de la zona. Isseks no se equivocó aquella vez cuando les dijo, sin preverlo realmente, que iban a convertirse en uno de los equipos de noticias más grande en la región.La mejor fuente de noticias de la ciudadLa base del proyecto no solo era enseñar a usar una cámara, sino también aplicar una filosofía educativa profunda. El profesor sostenía que los estudiantes de secundaria son “un recurso natural sin explotar”. Entonces, les enseñaba a acceder a archivos públicos y a presentar solicitudes bajo la Ley de Libertad de Información. Mientras otros chicos de su edad jugaban al fútbol o iban al shopping, ellos investigaban. Y gracias a él, como contó The New York Times (NYT) en una nota de 1995, “consiguieron adelantarse a los medios de noticias locales”. Aunque en ese momento, recordó Fred más tarde, los otros profesores lo veían como un simple juego, como una broma.Todo empezó con un comentario casual, como cuenta The Guardian, que entrevistó a estudiantes y al propio Isseks en 2020: un amigo le dijo que conocía a algunos exempleados del vertedero de Wallkill, que querían contar ciertas anécdotas “inquietantes” de sus trabajos. Estaban dispuestos a hablar públicamente. Wallkill era un antiguo vertedero municipal del condado ubicado a la orilla del río homónimo y activo entre 1965 y 1974, oficialmente destinado a desechar residuos domésticos municipales y certificados.Era 1991, y Fred ya había escuchado ciertos rumores, sobre todo respecto de desechos ilegales. Enseguida pensó que podía ser una gran oportunidad para su curso: les preguntó a sus alumnos si les interesaba entrevistar a estas personas. Como dijo recientemente: “No aprendés sentándote en un salón y tomando notas. Aprendés haciendo, involucrándote”. Funcionó: varios estudiantes aceptaron el reto.Se pusieron a investigar con las herramientas que él les daba. Era un proyecto ambicioso, mucho más grande de lo que podían imaginar al matricularse en un curso de “inglés”. Duró seis años, de 1991 a 1997: los estudiantes nuevos heredaban la investigación de la camada anterior, sumaban nuevas entrevistas y documentos. Y terminaron desentrañando una trama de corrupción que se hizo pública en el documental definitivo ese último año. Duraba 54 minutos y se titulaba Basura, gangsters y avaricia. “¿Qué estaba pasando en los vertederos? ¿Qué habían descubierto los estudiantes? Un grupo de adolescentes rebeldes que se habían colado en propiedades privadas se había convertido, discretamente, en la mejor fuente de noticias de la ciudad”, recordó también The Guardian.“Era televisión atrapante”Como le había comentado el amigo a Isseks, los alumnos no tardaron en encontrar a esos trabajadores que estaban dispuestos a hablar, a contar lo que sabían. La primera entrevista que confirmaba los rumores, la sospechas, la consiguieron en 1991. En las imágenes del video se ve al grupo de jóvenes acercarse a una casa prefabricada, humilde, cerca del río. Ahí vivía Dutch Smith, un extrabajador que operaba las excavadoras. “El olor me está enfermando. No me siento mal”, se escucha a uno de ellos decirle a Fred fuera de cámara, mientras caminan.“Si lo podés nombrar, está ahí”, les dijo Smith. Se refería a los desechos ilegales. “Hay miles y miles de toneladas de desechos tóxicos. Y lo sé porque yo enterré muchos de estos”, declaró. Desde residuos radiactivos hasta hospitalarios: “Todo está en ese vertedero”. También les dijo: “Cuando los camiones de basura empezaron a entrar, hace casi 20 años, le dije a mi esposa que todos pertenecían a la mafia. Te apuesto plata”. “Era televisión atrapante, pero no era 60 Minutes ni uno de sus clones. La investigación en video estaba siendo revisada a principios de noviembre en un aula de la escuela secundaria Middletown High School por los estudiantes de comunicación que la habían realizado, siguiendo las indicaciones de un profesor con inclinación por las cuestiones ambientales”, contaba NYT.“Eran tan profesionales”Después buscaron pruebas concretas, cualquier indicio que sostuviera lo que Smith y otros les habían contado. Debían comprobar la veracidad de las afirmaciones para seguir adelante. Actuaron como periodistas profesionales: indagaron en documentos, encararon a los funcionarios públicos, tomaron imagen tras imagen del agua, del lugar. Reconstruían, paso a paso, qué estaba ocurriendo. Eran conscientes de la importancia de la cámara. Chad Kowalewski, uno de los alumnos más grandes, dijo que esta era una aliada esencial, y se refirió a las interacciones con políticos locales: “Solían decir: ‘Yo no dije eso’ o ‘me citaste mal’. Pero cuando lo tenés grabado, está ahí mismo”.En 1992 llevaron lo que tenían a WWOR-TV, el Canal 9 de Nueva York y Nueva Jersey. El equipo de periodismo de investigación de la emisora quedó tan impresionado que emitió un informe basándose directamente en ese material audiovisual. La productora de ese momento remarcó al NYT: “Estaban tan bien informados, eran tan profesionales, que básicamente informamos sobre lo que habían hecho estos chicos”. Habían econtrado muchas cosas, como que funcionarios de Walkill sabían lo que pasaba, e incluso la existencia de un vertedero clandestino, del que se enteraron cuando entrevistaron a Dieter Bohnwagner, que había trabajado ahí, como Smith. Este les dijo que había un “vertedero oculto” detrás de un campo de golf público. Los chicos, animados, no dudaron en ir hasta el lugar. En las filmaciones se los ve cruzándolo y localizando el vertedero: había una docena de bidones químicos aplastados y semienterrados. Fue entonces que Isseks contactó a los representantes del condado para contarles lo que habían encontrado. A cambio, recibió una carta en donde lo amenazaban a él y a sus alumnos. Las autoridades se quejaban de que los chicos habían entrado al lugar sin permiso. La investigación se volvía peligrosa. Como dijo en el reciente documental: “Hacer la película no era como escribir un ensayo de cinco páginas. Esto era la vida real, y era mucho más difícil”. View this post on Instagram Un alumno que habló con The Guardian, y pidió mantener el anonimato, explicó que una noche lo encaró el hijo adulto de un político local: “Borracho, el hombre le advirtió al alumno de Isseks que ‘dejara el vertedero en paz’. Después, afirmó falsamente que padecía cáncer terminal y añadió que ‘no tenía miedo de llevarse a alguien con él’. Asustado, el alumno abandonó la clase de Isseks. Otro recuerda vívidamente que lo siguieron hasta su casa después de una tarde de filmación en el vertedero, un coche que habían visto aparcado frente a las puertas del lugar. Estas experiencias contribuyeron a que los alumnos sintieran que se estaban metiendo en un lío”.Pero muchos otros siguieron adelante. Tenían en miras una búsqueda particular: el libro de registros del basural, que en teoría estaba desaparecido.“Demasiado fantástico para ser verdad”Durante años, existió un misterio alrededor de ese cuaderno: a finales de la década de 1980, las autoridades habían difundido la historia de que un ladrón había entrado a altas horas de la noche y se había robado el libro, una pieza crucial porque constituía el único registro escrito de qué materiales se habían arrojado y enterrado en Wallkill, y quiénes eran los responsables de transportarlos.Durante dos años, el profesor Fred y sus alumnos presentaron múltiples solicitudes formales de información para dar con ese documento, pero la oficina del sheriff del condado les respondía a siempre que este no existía. En junio de 1996, la búsqueda dio un vuelco rotundo: un teniente del sheriff acompañó a Isseks y a dos de sus estudiantes a la comisaría, los guio hasta un cuarto, abrió una caja de documentos y sacó unos papeles. “Esto es lo que buscan, ¿verdad?”, les dijo. Eran los registros. Se los entregó les dijo que lo copiaran. Una vez más, el medio británico detalla: “El libro contenía meticulosas notas manuscritas de los agentes del sheriff del condado de Orange, apostados en el vertedero cercano de la ciudad de Wallkill. A lo largo de cientos de entradas, habían documentado el entierro ilegal de residuos tóxicos en un vertedero destinado únicamente a la basura municipal. Además, el registro confirmaba que gran parte de estos vertidos habían sido realizados por empresas de transporte vinculadas a la mafia de la Costa Este, incluida una propiedad de la familia del crimen organizado Monge
Fuente: La Nación