Barreda busca explicaciones para un múltiple crimen en la tortuosa mente de su protagonista

Barreda (Argentina/2026). Dirección: Daniela Goggi. Guion: Josefina Licitra, Daniela Goggi, Tamara Talesnik, Donna Tefa Sanguinetti, Juan Cavoti. Fotografía: Christian Cottet. Música: Luciano Supervielle. Edición: Andrea Kleinman. Elenco: Luis Machín, Carla Peterson, Mercedes Morán, Marcelo Subiotto, Maite Lanata, Margarita Páez, Paola Barrientos, Alberto Ajaka. Duración: 105 minutos. Disponible en: Prime Video. Nuestra opinión: buena.3 starsEl desafío de llevar al cine el resonante caso de Ricardo Barreda quedó expuesto en dos placas incorporadas a la pantalla, una en el comienzo y la otra antes de los créditos finales. La primera comparte con el potencial espectador una inquietante pregunta: ¿cómo reconstruir la historia del cuádruple asesinato que mantuvo en vilo a la sociedad argentina desde el mismo momento en que se produjo? Nadie aparece en condiciones de hacerlo, porque todos están muertos. La segunda expone con rara franqueza otro obstáculo clave en la búsqueda de esa misma reconstrucción. Se dice allí que son escasos los datos que se manejan sobre las víctimas de la furia homicida del todavía hoy célebre odontólogo platense: su esposa, sus dos hijas y su suegra. “Se supo muy poco de ellas y su caracterización para esta película está basada en las declaraciones públicas de quienes las conocieron”, se explica desde la placa sobreimpresa. No es mucho. Lo que esos dos escollos ponen en cuestión es aquello que define desde hace tiempo el vínculo entre el espectador y uno de los géneros preferidos del streaming desde hace un buen tiempo: el true crime. Desde esa especie de acuerdo no escrito las plataformas proveen de certezas a quienes buscan en sus catálogos este tipo de relatos tomados de casos reales.Barreda eligió el camino de la dramatización en vez de hacer una pesquisa puramente documental. A juzgar por los materiales disponibles y las posibilidades que ofrecía esta historia para ser contada hoy, más de tres décadas después de lo ocurrido, la decisión parece la más acertada. Sobre todo, porque no queda otra que enfocarse en el retrato de la vida cotidiana de esa familia a partir del propio relato del victimario. La película, en el fondo, es un largo flashback de una hora y 40 minutos durante el cual Barreda viaja de regreso a todo lo que ocurrió antes de la masacre y lo cuenta con sus propias palabras mientras es juzgado en un tribunal. El escenario que nos presenta ese ejercicio de memoria tiene muchos puntos en común con la obra previa de la realizadora de este film, Daniela Goggi. En sus películas anteriores (Abzurdah, El hilo rojo, El rapto), Goggi parte de una situación en la que aparentemente los integrantes de un círculo íntimo (familiar o afectivo) establecen algunas líneas básicas de acuerdo en materia de convivencia. Hasta que en un momento aparece un disparador casi siempre inesperado o inasible que rompe un equilibrio casi siempre frágil y ese desmoronamiento, al quedar libradas ciertas conductas al azar o al impulso más primitivo, puede resultar letal para quienes habitan en ese entorno. En el caso de Barreda, la película sugiere que ese desequilibrio está en linea con algunas características del personaje central propias de un psicópata. La convivencia familiar se torna cada vez más incómoda y difícil de manejar en medio de una sucesión de episodios cada vez más enrarecidos de maltrato, desconfianza, hostilidad y falta de comunicación. Lo más atrayente del relato es cómo esa tensión se eleva y potencia los rasgos más peligrosos de la personalidad del odontólogo, contenidos hasta allí dentro de cierta “normalidad”, por llamarla de alguna manera. Goggi se mueve siempre con cuidado en medio de ese cuadro que se parece mucho a un recipiente herméticamente cerrado acumulando presión. Más nos acercamos al clímax de violencia (el momento de la masacre, expuesta con gélida crudeza y sin un solo efectismo) y mayor es la distancia que se establece entre el plan criminal que con frialdad Barreda va maquinando y la vulnerabilidad de las cuatro mujeres, incapaces de imaginar que la distancia que se va abriendo entre ellas y el hombre de la casa estallará de manera tan impredecible y cruenta, sin vuelta atrás. Los momentos ajenos al interminable flashback de Barreda, protagonizados sobre todo por las hijas del odontólogo, aportan con sus sueños de futuro la única cuota precisa de lucidez y racionalidad de un relato en el que casi todos los personajes parecen incapaces de salir de una red absorbente hecha de cálculo y mezquindad, empezando por las instituciones que se mueven dentro de esta historia: la policía, el sistema judicial, los medios. Goggi se mueve en este resbaladizo terreno siempre con la mesura y la sensibilidad que identifican a su cine. Pero hay momentos en que termina atrapada por la propia trampa creada desde la personalidad de su elusivo e incómodo protagonista. Si sale airosa del desafío, aunque sin llegar a los méritos de El rapto (sin dudas su mejor película) es por el cuidado formal que impuso a todos los aspectos del relato y por la extraordinaria caracterización de Barreda que entrega Luis Machín. El resto del elenco, en el que brilla Marcelo Subiotto como un abogado cínico y manipulador, también está a la altura de la exigencia.

Fuente: La Nación