“No me rendí ni voy a rendirme”: Meloni celebró su récord ya en modo campaña para su reelección

ROMA.- “Hubo días en los que me parecía estar nadando en medio de pegamento, pero no me rendí ni voy a rendirme. Cuatro años no son suficientes para llegar a la meta de una Italia que no deba pedirle permiso a nadie”.Con diez mil simpatizantes aclamándola al grito de “¡Giorgia! ¡Giorgia!”, una eufórica Giorgia Meloni aprovechó este viernes la gran fiesta organizada por su partido para celebrar el récord de longevidad de su gobierno, que cumplió 1413 días en el poder, superando a Silvio Berlusconi, para abrir la campaña electoral en busca de un “bis” cuando haya elecciones el año que viene.Con tono combativo, orgullosa de su hito y, como siempre, muy hábil oradora, en un discurso de casi una hora ante diez mil personas en un escenario montado en el puerto de Bari, capital de Apulia, Meloni reivindicó los logros de su gobierno, desde la ocupación y las cuentas públicas en orden hasta la seguridad y la política migratoria, y apeló a los italianos para que le den más tiempo para profundizar los cambios y saldar las asignaturas pendientes.En un acto autocelebratorio, en el que libertad, identidad, seguridad, orgullo nacional y la idea de “primero los italianos” fueron los conceptos clave, Meloni definió la estabilidad como la primera “gran reforma” de su ejecutivo de derecha. Y fustigó a la oposición de centroizquierda, a la que acusó de ser una “izquierda caviar”, alejada del pueblo y en crisis de identidad, sin líder ni programa claros de cara a las elecciones que se celebrarán el año que viene.Mientras atardecía y entre la multitud flameaban banderas de Italia y de su partido posfascista, Hermanos de Italia, Meloni comenzó recordando que cuando asumió, el 22 de octubre de 2022, muy pocos en Europa y en el mundo creyeron en ella y en su gobierno, el más derechista desde los tiempos de Benito Mussolini. Y se jactó de haber logrado, junto a sus socios de coalición, Forza Italia y la Liga, una estabilidad política de la que, según ella, solo es capaz la derecha y que transformó a Italia en un país “más fuerte” y respetado.“Italia ha dejado de ser el caso vigilado en Europa. Éramos el enfermo de Europa, éramos los que cambiaban de gobierno continuamente (...) Hoy nuestra nación es tomada muy en serio”, arengó, segura de sí misma, vestida de blanco y con el pelo suelto.En vísperas de que su gobierno alcanzara el récord, diversos referentes de la oposición de centroizquierda acusaron a Meloni de no haber hecho nada o, en todo caso, mucho menos y algo distinto de lo que había prometido en campaña. “La primera ministra se encerró en el palacio y tiró por la borda cuatro años”, denunció Elly Schlein, líder del Partido Democrático, la principal fuerza opositora.“La economía está parada, tenemos crecimiento cero, hemos tenido tres años consecutivos de caída de la producción industrial y tenemos los salarios más bajos de Europa, con el costo de la energía más alto. La única prioridad de Meloni es cambiar la ley electoral para ser reelegida”, sostuvo Schlein en una entrevista con el semanario L’Espresso.Munición gruesaNo por nada, y evidentemente molesta por esas críticas, desde el principio hasta el final de su discurso Meloni se dedicó a disparar munición gruesa contra la oposición, a la que acusó de construir una narrativa falsa. Y destacó una y otra vez la cohesión de su alianza de derecha.“Nosotros no estamos juntos para derrotar al adversario, nosotros estamos juntos para construir ideas. Quien se alía para construir ideas, después de 1413 días, todavía tiene una lista de cosas por hacer. Esa es la diferencia”, clamó.Primera mujer en llegar al poder en Italia, Meloni acusó también a la izquierda de estar “en crisis de identidad” y de “inventar” todos los días “emergencias que no existen”.“La Constitución en peligro, la supresión de la disidencia, el atropello a la libertad de prensa, los ‘plenos poderes’, el deslizamiento hacia el iliberalismo, Elon Musk, el Mossad... Ya nos hemos acostumbrado. Pero, por favor, una vez que terminen con esta retórica conspirativa, ¿podrían decirles a los italianos qué tienen pensado para su futuro?”, se preguntó, irónica. Meloni, que reconoció que le tocó gobernar en tiempos complejos, con guerras en curso y desastres naturales, evitó hablar de política exterior y de su fallida relación de amistad con Donald Trump, que la excomulgó por no haber apoyado su aventura bélica en Irán. Prefirió reivindicar la protección de las fronteras y su política migratoria.“Durante años nos llamaron extremistas, pero después copiaron todo. Esto es lo que significa ser respetado en Bruselas, es lo que significa que la derecha sea respetada”, dijo, aludiendo al centro de repatriación construido en Albania, al que la UE dio el visto bueno.Y hasta se burló del “modelo Sánchez” tras la crisis de Ceuta, aludiendo a su par español, el socialista Pedro Sánchez, en momentos de tensión bilateral después de la suspensión del acuerdo de libre circulación de Schengen.Meloni admitió errores y reconoció que “debemos hacer más y debemos hacerlo mejor”, pero advirtió una y otra vez que no piensa rendirse.“Mi meta es una Italia que ya no le pide permiso a nadie”, señaló. “Sé que es más de lo que hemos logrado hasta ahora y que cuatro años no son suficientes, pero no pienso rendirme ni conformarme con menos, porque esta nación se lo merece”, arengó.“Y mientras tenga el honor y la oportunidad de hacerlo, seguiré luchando”, cerró, entre ovaciones de la multitud, envalentonada y en modo campaña.

Fuente: La Nación