Es teatro, es deseo (Julieta & Romeo): desborde e ímpetu creativo en un espectáculo de Romina Richi

Dramaturgia y dirección: Romina Richi. Actuación: Leonora Balcarce, Balthazar Murillo, Margarita Páez, Olivia Espeche, Andrea Ebrahim, Camo Sibolich, Emanuel Moreno, Daniel Ibarra, Fiona Mastronicola, Pía Pécora, Juan Felice Astorga, Martín Di Paola, Lautaro Iván Martínez y Lautaro Espeche. Baile: Antonella Ferreiro, Jitsu Díaz, María de los Milagros Tourn, Florencia Bomuso, Valentina Vicentin, Isabella Celino y Juan Manuel Cabrera. Canto: Virginia Guevara y Darío Pometti. Música en vivo: Santiago Klain, Emilia Juárez, Micaela Sánchez, Maximiliano Perera das Neves y Mana Bice Gambandé. Dirección musical: Ezequiel Sillerstein. Coreografías: Barby Majule. Escenografía: Guillermo Bechthold. Vestuario: La Polilla Vestuario. Producción: Romina Richi, Lucas Pombo, Lucas Daniel Emilio, Corcho Garisto y Lumencine. Funciones: 5 y 12 de septiembre, a las 20. Sala: Saldías Polo Cultural, San Pedro de Jujuy 101. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: BuenaSuele decirse que la experiencia teatral para el espectador se inicia mucho antes del comienzo del espectáculo propiamente dicho. La preparación, el traslado, la llegada al teatro, algún café previo, el visionado y una cena posterior completan para muchos parte de ese ritual que muchos intentamos repetir de manera recurrente. Y, claro, cuando se trata de ir a un lugar al que habitualmente no vamos, alejado del circuito cultural hegemónico, la experiencia se enriquece aún más. Ir a ver una obra escrita y dirigida por Romina Richi en el Polo Cultural Saldías es parte de esa extrañeza. Caminar por esas calles, llegar a un edificio que remite a la arquitectura del Berlín de los años 90 o del Nueva York más periférico, recorrer sus escaleras y esos pasillos plagados de afiches, grafitis y distintas señales gráficas que evidencian la vitalidad del edificio suma, y mucho, a lo que vendrá después.Iniciado el espectáculo, una narradora y demiurga, brillantemente interpretada por una siempre distante, siempre irónica y hasta un tanto cínica Leonora Balcarce, nos va a introducir en lo que se viene. No se trata de una versión de una obra de Shakespeare. Se trata de una lectura y una relectura de ese universo. La excusa dramática es celebrar el cumpleaños de Julieta —personaje central en esta dramaturgia—, celebración a la que están invitados Lady Macbeth, Cleopatra, Ricardo III, Calibán, Ofelia y Hamlet, entre otros personajes icónicos. Por supuesto, cuando se inicia Romeo y Julieta, aquí Julieta & Romeo, aparecen los personajes más importantes de la tragedia shakespeariana para vehiculizar la trama y la acción.El despliegue performático es por demás singular. Remite, en algún punto, a los comienzos de los años 90, cuando la escena porteña ofrecía esos proyectos atravesados por el deseo, el erotismo y una sexualidad explicitada, junto con un desborde productivo que indicaba que allí no había dinero en juego: había pasión, amor por el teatro. Una suerte del Muscari de aquellos años.El rojo es el color protagónico, tanto en la iluminación como en el vestuario. Una orquesta en vivo luce túnicas de ese color, mientras que el vestuario de Balcarce insinúa su silueta y le permite moverse cómodamente gracias a su conocimiento de la pasarela y jugar, con cierto tinte erótico, con la platea. Los otros personajes, los de Shakespeare, en su mayoría lucen de blanco o de negro, dependiendo de la obra y de la situación que deban enfrentar.Todo en escena es desborde. La platea está ubicada con diferentes frentes porque habrá mucho para mirar. La escena no tiene un único frente, ni dos ni tres: tiene múltiples. Todo sucede en simultáneo. Mientras algunos actores actúan, otros bailan una coreografía de danza contemporánea; algunos despliegan sus dotes de bailarines clásicos y otros apelan a un juego operístico-vocal. Todo es más y todo es mucho. Por momentos, demasiado.La decisión respecto del maquillaje exacerba la teatralidad: los pómulos oscurecidos, los labios negros y los ojos sombreados. Todo parece responder a una estética operística, pero con la cercanía propia de la escena independiente. Los actores gesticulan y gritan como si el espectador estuviera a decenas de metros de distancia, aunque está a centímetros.Romina Richi lleva adelante un proyecto en el que pone en juego todo su conocimiento del mundo del espectáculo, de la estética y también del universo más clásico, fruto de su formación en el Teatro Colón. Se percibe una enorme pulsión por llevar adelante un proyecto tan ambicioso, para el que parece no haber podido renunciar a ninguna de sus ideas. Da la impresión de haber querido poner en escena todo lo que piensa sobre el universo de Shakespeare y sobre este montaje tan particular.Este desborde creativo lleva inevitablemente a que el elenco no esté del todo parejo, con códigos de actuación incluso diferentes. Sin embargo, lo que más se valora es ese ímpetu creativo por llevar adelante, en un contexto tan complejo como el actual, un proyecto de esta envergadura que solo pudo estar movido, como su título lo indica, por el deseo por el teatro. Y eso se agradece.3 stars

Fuente: La Nación