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La frase de Alpine que tranquilizó a Colapinto después de su llanto en el Gran Premio de Italia
Los números de Franco Colapinto en la Fórmula 1 empiezan a tomar cuerpo, después de su debut en Williams en 2024 y su continuidad en la escudería Alpine: a lo largo de tres temporadas ya participó en 39 Grandes Premios y tuvo a dos compañeros principales: Pierre Gasly (31 veces) y Alex Albon (10). En ese repaso, el Gran Premio de Italia del último fin de semana no pasó inadvertido: fue la primera vez que en algún momento de carrera ocupó una posición tan privilegiada (3° puesto). Después, la frustración: un despiste que lo relegó hasta el 16° puesto, para finalmente emprender una gran remontada y concluir en el 9° lugar.El saldo fueron dos puntos para el Campeonato de Pilotos, pero esa cosecha no resultó suficiente para ocultar su desazón. Es más: el pilarense lloró al momento en que se prestó a la entrevista ante ESPN en la zona mixta. solo bastaron unas palabras para que su voz se quebrara. “Fue una carrera dura. Muy frustrante. Estoy triste por eso. Una gran carrera y un gran error”, expresó Colapinto entre lágrimas, luego su experiencia en el tradicional circuito de Monza. “Desaproveché una oportunidad muy importante para el equipo y para mí. Hay que aprender de esto y seguir”, añadió Colapinto, que perdió el control de su auto luego de que se relanzara la carrera, tras el impactante accidente de Charles Leclerc que derivó en una bandera roja. Las horas transcurridas después de su amargura dieron paso al reconocimiento en el equipo Alpine. En uno de los posteos de este lunes de la escudería, se observa un video en el que Pierre Gasly (terminó 7°) y los miembros del equipo felicitan a Colapinto, de semblante más relajado y sonriente después del mal trago. Uno de los integrantes de la escudería francesa le dice: “No pidas más perdón”, valorando una actuación que lo mostró con mucho amor propio para restablecerse en plena carrera, después del despiste y transitar por la leca. Una frase que dice mucho, y que habla de un reconocimiento al esfuerzo para un piloto que renovó su continuidad en Alpine para 2027 por sus méritos en las pistas.Feeling closer than ever 💙🩷 pic.twitter.com/Nj5TXN95U6— BWT Alpine Formula One Team (@AlpineF1Team) September 7, 2026Pilotos que lloraron en la Fórmula 1La historia de la Fórmula 1 está repleta de escenas en las que la alegría, el alivio, la frustración o el dolor terminaron rompiendo la coraza de algunos de los nombres más importantes del automovilismo mundial. Son instantes que quedaron grabados porque permitieron ver algo poco habitual: la vulnerabilidad de quienes parecen inmunes a ella.Uno de los ejemplos más recientes lo protagonizó Lewis Hamilton en el Gran Premio de Gran Bretaña de 2024. Después de casi tres temporadas sin victorias, el británico volvió a ganar en Silverstone y se quebró inmediatamente por radio. Las lágrimas continuaron una vez bajado del coche, fundido en un abrazo con su padre, Anthony. Para un piloto acostumbrado a ganar, aquel triunfo representó una descarga emocional acumulada durante años de dudas y esfuerzos.No fue la primera vez que Hamilton mostró ese costado. En Turquía 2020, mientras cruzaba la línea de meta que le aseguraba su séptimo campeonato mundial, lloró dentro del casco. El título le permitió igualar la marca histórica de Michael Schumacher y transformó aquella llegada en una de las más emotivas de su carrera.También las lágrimas acompañaron una coronación histórica de Lando Norris. El piloto de McLaren se convirtió en campeón del mundo por primera vez al finalizar la temporada 2025 en Abu Dhabi. La magnitud del logro pudo percibirse antes incluso de abandonar el monoplaza: su voz quebrada en la radio del equipo fue la primera señal de una emoción que luego continuó durante las entrevistas posteriores a la carrera.Algo similar ocurrió con Andrea Kimi Antonelli en el Gran Premio de China de 2026. El joven italiano consiguió allí la primera victoria de su trayectoria en la Fórmula 1 con Mercedes y apenas pudo contenerse al bajarse del coche. Mientras intentaba secarse las lágrimas con las mangas de su mono, reconoció que estaba cumpliendo el sueño que había perseguido durante toda su vida.Entre las escenas más recordadas de este tipo aparece, inevitablemente, Ayrton Senna. El brasileño protagonizó en Interlagos 1991 una de las victorias más heroicas de la historia. Un problema en la caja de cambios lo obligó a disputar las últimas vueltas utilizando únicamente la sexta marcha. El esfuerzo físico fue extremo, pero la carga emocional resultó aún mayor: estaba a punto de lograr su primer triunfo en Brasil. Cuando cruzó la meta, la mezcla de agotamiento, dolor y felicidad explotó en un grito desgarrador por radio acompañado de un llanto desconsolado.Pero las lágrimas en la Fórmula 1 no siempre son consecuencia del éxito. A veces nacen exactamente del sentimiento opuesto. En Monza, escenario donde Colapinto se desarmó, Mika Häkkinen dejó en 1999 una imagen imborrable. En el Gran Premio de ese año lideraba cómodamente cuando un error al seleccionar una marcha provocó un trompo y su abandono. Las cámaras lo siguieron hasta una zona arbolada junto a la pista. Allí, lejos del público y de los micrófonos, el finlandés se arrodilló y lloró de frustración. La escena resumió mejor que cualquier declaración la dimensión del golpe sufrido por quien peleaba por el campeonato.Las emociones también aparecen cuando la competición se cruza con experiencias personales mucho más profundas.Michael Schumacher protagonizó dos de esos episodios. El primero ocurrió en Monza 2000. Acababa de conseguir una victoria que le permitía alcanzar las 41 conquistas de Ayrton Senna. Durante la conferencia de prensa posterior, un periodista mencionó la coincidencia estadística con el tricampeón brasileño. El alemán, habitualmente imperturbable ante las cámaras, quedó en silencio y rompió en llanto. La referencia a Senna, cuya muerte aún seguía muy presente en el deporte, lo desbordó emocionalmente.Tres años más tarde, en Imola, Schumacher volvió a conmover al mundo de la Fórmula 1. Pocas horas antes de la carrera había fallecido su madre. Aun así, decidió competir. Ganó la prueba y apareció en el podio con los ojos llenos de lágrimas y un brazalete negro en señal de duelo. Fue una imagen poderosa de fortaleza, pero también de dolor.Si existe una escena capaz de sintetizar simultáneamente el orgullo, la gloria y la tristeza, esa pertenece a Felipe Massa en Brasil 2008. El piloto de Ferrari ganó la carrera decisiva en Interlagos y, durante algunos segundos, creyó haber conquistado el campeonato mundial frente a su público. Sin embargo, en la última curva de la última vuelta, Lewis Hamilton adelantó a Timo Glock y conservó los puntos necesarios para quedarse con el título por apenas una unidad.Massa pasó en cuestión de instantes de la euforia absoluta a una decepción histórica. Subió al podio llorando ante miles de aficionados brasileños, golpeándose el pecho mientras recibía el reconocimiento de un público que entendía perfectamente la dimensión de la pérdida. Aquellas lágrimas no fueron las del campeón, pero terminaron convirtiéndose en una de las imágenes más memorables de la Fórmula 1 moderna.
Fuente: La Nación Deportes