Con la ausencia de funcionarios del Gobierno, Brasil renovó su apoyo al reclamo argentino por las Malvinas

“Tenemos una amistad de más de 200 años, más fuerte que cualquier mezquindad o temporaria miopía”, dijo con tono tranquilo Eduardo Uziel, el encargado de Negocios de Brasil en Argentina. En el salón dorado del teatro Colón, el diplomático –a cargo de la representación brasileña en el país-fue más allá y dio como prueba de esa amistad “el invariable apoyo, desde 1833, a la soberanía argentina en las Islas Malvinas”.De ese modo, la diplomacia brasileña reafirmaba el apoyo del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva al renovado reclamo argentino por las islas, aunque lo escuchaban escasos representantes del Gobierno. El sherpa argentino en el G20, Federico Pinedo; el diputado nacional karinista Sebastián Pareja y la ex canciller Diana Mondino sobresalían en la multitud como los únicos miembros (o ex, en el caso de Mondino) el oficialismo que llegaron para la celebración del aniversario números 204 de la independencia del país vecino. Ningún funcionario de alto rango de la Cancillería se hizo presente, acaso cumpliendo instrucciones desde lo más alto del gobierno de Javier Milei, enemistado con Lula y apoyando de modo abierto a su contrincante, Flávio Bolsonaro, en las elecciones presidenciales del próximo 4 de octubre.“No nos sentimos obligados a ir, no hay embajador de Brasil en la Argentina”, contestaron por lo bajo a LA NACION desde el Palacio San Martín, justificando el desplante y recordando que fue la cancillería de Brasil la que dispuso el retorno a Brasilia del embajador Julio Bitelli, enojado por la sucesión de “insultos” y “agravios” de Milei hacia su par brasileño, el primero de la serie en San Pablo, durante la proclamación de Bolsonaro como candidato presidencial por el Partido Liberal de ese país. En diálogo con este diario, Pareja explicó que como titular de la Comisión Bicameral de Seguimiento de Organismos de Inteligencia tuvo “mucho contacto e interacción” con la sede diplomática brasileña. Nadie pudo ni quiso explicar la ausencia total de funcionarios de la Cancillería, uno de los principales motivos de conversación de embajadores de otros países. En su breve discurso, de no más de cuatro minutos, Uziel habló de “cultivar y fortalecer el vínculo, más allá de circunstanciales diferencias”, y parafraseó a Jorge Luis Borges al hablar de “una época extraña”, sutil modo de referirse a los constantes chispazos entre ambos mandatarios, que también terminaron con el embajador argentino, Daniel Raimondi, de regreso a Buenos Aires.Lo escuchaba una multitud de dirigentes del kirchnerismo y la oposición. Los ex cancilleres Felipe Solá y Jorge Taiana; el ex vicecanciller Eduardo Valdés, la ex gobernadora fueguina Rosana Bertone, y los ex embajadores en tiempos del gobierno de Alberto Fernández, Jorge Argüello, Gabriel Fuks y Ricardo Alfonsín, fueron sólo algunos de los miembros de distintos gobiernos de signo peronista que participaron del ágape, previo al recital del músico Paulinho Da Viola. También asistieron el ex embajador Diego Guelar, el ex funcionario larretista Fernando Straface, el diputado nacional Maximiliano Ferraro (CC-ARI) y el legislador radical Pablo Juliano (UCR), preocupado porque su partido “debe recuperar su autoestima” y crítico del acercamiento de los gobernadores de su partido al gobierno libertario. El presidente del CARI, Francisco de Santibañes, el experto en Comercio Exterior Marcelo Elizondo, y el analista político Rosendo Fraga también formaron parte de la nutrida concurrencia, en la que se mezclaron también la conductora Anamá Ferreyra y el músico Nito Mestre. “Los presidentes pasan, los países quedan. Argentina y Brasil están obligados a convivir”, expresaba uno de los tantos diplomáticos que se hicieron presentes, entre ellos Wang Wei (China) y David Cairns, de Gran Bretaña. “Son cosas que pueden pasar”, dijo el embajador con una media sonrisa en la puerta del teatro ante la consulta de LA NACION, y confirmó que su gobierno “no fue avisado” de las medidas que preparaba el Gobierno, anunciadas por Milei en la cadena nacional del jueves pasado y que establecen sanciones para empresas que exploten recursos naturales en las islas del Atlántico Sur, escenario de la cruenta guerra de 1982, en la que murieron 649 soldados argentinos.

Fuente: La Nación