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Grabois se hizo eco de las advertencias por el riesgo de la IA y llamó a un “pacto tecnológico mundial”
El diputado de Unión por la Patria (UxP) y referente de Patria Grande, Juan Grabois, se hizo eco este miércoles de las advertencias de un exinvestigador de Anthropic sobre los riesgos de la IA y llamó a un “pacto tecnológico mundial” para frenar lo que llamó una “carrera a la muerte”.“Un capo técnico de Anthropic, la principal empresa de IA, dice que se va de la empresa porque el desarrollo irracional, demencial e ilimitado de la superinteligencia con automejora recursiva puede generar un cataclismo que destruya a la humanidad. Uno de los jefes máximos le da la razón públicamente, afirma que hay un 10% de posibilidades que esto suceda, que no saben bien lo que están haciendo... y sigue su vida como si nada”, reseño Grabois desde sus redes sociales. Tras advertir que “esto no es joda”, el legislador expresó: “Hay que estudiarlo escrupulosamente, comprender lo que está pasando, generar los espacios para un pacto tecnológico mundial y frenar esta carrera a la muerte en la ventana de tiempo que todavía nos queda”. “Todos tenemos un montón de frentes abiertos en nuestra vida, nuestro trabajo, pero esto tiene que ser una prioridad. El Papa León dio en el clavo y tenemos que apoyarlo en su tarea”, añadió, en referencia a la encíclica Magnifica Humanitas.Grabois se refirió al caso de Jacob Coxon, investigador de Anthropic que este miércoles anunció su renuncia al advertir que la carrera para mejorar los sistemas de IA traen peligros que sus propios creadores admiten en privado. “Quienes están construyendo la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que acabe la década”, publicó en sus redes sociales.El jefe de seguridad de Anthropic, Evan Hubinger, respaldó el descargo de Coxon y afirmó que existe más de un 10% de probabilidad de que la inteligencia artificial termine matando a los seres humanos durante la próxima década.“Creemos realmente que la IA podría matar a todos los humanos”, escribió Hubinger en X. El responsable de seguridad de Anthropic estimó ese riesgo en “más de un 10%” dentro de los próximos diez años, en medio de una creciente preocupación dentro de la propia industria por la velocidad con la que evolucionan estos sistemas.Estas declaraciones surgieron después de Coxon, de 27 años, anunciara que abandonaba por completo la industria –después de haber trabajado, primero, en OpenAI y luego en Anthropic– y acusara a ambas compañías de “jugar con nuestras vidas”.La reunión con Peter ThielGrabois había sorprendido a propios y ajenos cuando, en junio último, se reunió con el empresario estadounidense Peter Thiel en la casa que el magnate compró en el Barrio Parque de la ciudad de Buenos Aires.“Perderse la oportunidad, si la tenés, de interactuar con el principal intelectual orgánico y además miembro de la élite de Silicon Valley es una estupidez astronómica, sobre todo si lo hacés de manera avergonzante para ver si alguien te acusa de no sé qué cosa. Yo tengo toda una historia militante y mirá si yo voy a rifar mi lealtad al papa Francisco por una reunión con un millonario”, dijo Grabois en aquella oportunidad.Y sostuvo que el Vaticano fue el que “gestionó” la reunión porque, para la Iglesia Católica, “también es importante ver qué dice la contraparte” ante la encíclica del papa León XIV contra la “deshumanización” que implica el desarrollo de la inteligencia artificial en el mundo.Después de haberse reunido con el presidente Javier Milei, Thiel se instaló a comienzos de abril en Buenos Aires de manera temporal con su marido y sus hijos.Es una de las figuras más influyentes y controvertidas de Silicon Valley. Nacido en Alemania y criado en Estados Unidos, hizo su primera fortuna en California como cofundador junto a Elon Musk de PayPal, la plataforma de pagos digitales que luego vendería para crear Founders Fund.Luego se convirtió en uno de los inversores más exitosos del sector tecnológico: lanzó inversiones tempranas en Facebook y en pequeños emprendimientos que se convirtieron en gigantes de la tecnología.
Fuente: La Nación