“Vos conseguí la plata”. Empezó como “che pibe” y trajo la Fórmula 1 a la Argentina: su amistad con Ecclestone y la quiebra del Extrader

Felipe Mc Gough tenía 22 años cuando entró en una casa rodante en el paddock del Gran Premio de Austria con un sobre en la mano. Adentro había 5000 dólares. Tenía que entregárselos a un argentino que trabajaba para la Fórmula 1. Pero ese hombre no estaba. En su lugar apareció Bernie Ecclestone, el dueño de todo el circo. Mc Gough sabía quién era, aunque nunca había hablado con él. Le explicó de dónde venía, le dio el sobre y esperó. Ecclestone guardó el dinero en un portafolio, dijo “gracias” y dio por terminado el asunto. Mc Gough se quedó pensando que nadie le había dado un recibo.Esta escena, que ocurrió en los años 80, fue el comienzo de una relación que se extendería durante décadas. En el medio hubo equipos, transmisiones, negociaciones, carreras y una hazaña que pocos creían posible: conseguir que la Fórmula 1 volviera a correr en la Argentina.A los 68 años y después de 46 temporadas alrededor de la categoría, Mc Gough reconstruye ese recorrido: desde sus primeros trabajos como “che pibe” de una escudería hasta los días en que la inolvidable carrera estuvo cerca de no concretarse...El sobre y un recibo que nunca llegó-¿Cómo conoció a Bernie Ecclestone?-Fue en 1980. Estábamos en el Gran Premio de Austria y Cacho González Reuco me dice: “Hay que pagarle a la Fórmula 1 los derechos para Radio Rivadavia”. Me dio la plata y me pidió que fuera a ver a Alex Defis Whitaker, que era el argentino que trabajaba para Ecclestone en esa época. Yo fui a la oficinita, a la casa rodante donde estaban generalmente. Alex no estaba. Estaba Ecclestone. Y ahí lo conocí. Yo tenía 22 años.-Llegó con un sobre, ¿recuerda cuánto dinero había?-Le di 5.000 dólares. Eso es lo que cobraban. Le dije: “Tengo este sobre para darle a Alex”. Me respondió: “Alex no está. ¿Qué necesitás?”. Entré a su oficina. Abrió el portafolio y me preguntó: “¿De dónde sos vos?”. “Radio Rivadavia, de Argentina”. Listo. Le di la plata, la tiró dentro del portafolio, lo cerró y me dijo: “Gracias”. Y yo me quedé pensando: “Bueno, che, ¿un recibo, una cosita...?”.-¿Usted ya sabía quién era?-Sí, perfectamente. Pero era la primera época en la que se había hecho cargo de todo. Después le conté a Cacho: “Mirá, no me dio ningún recibo”. Y me contestó: “No, nunca nos da nada. No pasa nada”. Así lo conocí. Bernie Ecclestone no era un personaje más del paddock. Había pasado por distintos roles dentro del automovilismo —piloto, representante y dueño del equipo Brabham— antes de convertirse en el hombre que durante décadas manejó el negocio de la Fórmula 1. Desde ese lugar negoció derechos comerciales y televisivos y fue una figura central en la transformación de la categoría en un espectáculo global. Su etapa al frente de la F1 terminó en 2017, cuando Liberty Media completó la compra del negocio y Ecclestone pasó a ocupar un cargo honorario.“Después hicimos un montón de cosas: derechos de televisión para Argentina, derechos de televisión para Latinoamérica, la organización de la carrera, apoyo a los pilotos argentinos que corrían en Fórmula 1. Y seguimos siendo amigos. Hace 46 años que tenemos relación. Hace un mes estuve visitándolo en Suiza, donde vive ahora. Fui a verlo, almorzamos con su mujer. Obviamente ya está retirado. Cumple 96 años. Él está super bien de la cabeza. Se acuerda de todo. Estuvimos almorzando y tuvimos una charla muy linda”, agrega.-¿Cómo lo llama? -“Felipe”. Pero no le sale Felipe, le sale una cosa como “Filip”. Tengo muy buena onda con él. Siempre me ayudó con la carrera de Argentina. Si no hubiese sido por él, no la podríamos haber hecho. Siempre tuvo a la Argentina muy cercana a su corazón. El Lole corrió con él y conoce la historia desde la época de Fangio. Yo viví todo el proceso hasta 2017, cuando vendió la compañía a Liberty.“Se quedó Lole”Felipe Mc Gough nació en Buenos Aires, el 21 de marzo del 58. Tiene 68 años. Vivió entre Argentina y los destinos de su padre, en Europa o en Estados Unidos, que era embajador argentino en el exterior. Justamente, heredó la pasión por los “fierros” de su padre. Recuerda que se enganchó por primera vez con una carrera en 1974, viendo el Gran Premio de Argentina, que venía ganando Carlos Reutemann.“De repente escuché un grito y no entendía qué pasaba: ‘¡Se quedó Lole! ¡Se quedó Lole!’. Fue cuando se quedó sin nafta en el autódromo, cuando le faltaba media vuelta para ganar la carrera. Inclusive Perón había ido a verlo pensando que ganaba ese día. A mi padre le gustaba y de chico también me habían llevado a las carreras. Así que uno se va apasionando con eso", cuenta.A los 17 años, cuando terminó el colegio, decidió que iba a dedicarse a los autos. “En esa época se corrían temporadas de Fórmula 1 en Argentina y yo era fanático. Me fui metiendo, averiguando, hablando”, describe.-¿Cómo se produce su acercamiento a la Fórmula 1?-En el año 79 me había propuesto, después de haber conocido a los equipos acá, tratar de trabajar con ellos en Europa. El primer intento, en el 79, fracasó. No pude terminar de concretar todo lo que quería. Después, en el año 80, me fui por primera vez a Europa y ya no paré: fui y volví.-¿Dónde hizo pie?-En el equipo Shadow (una escudería que nació en EEUU y terminó siendo británica). Yo había trabajado para ellos en el 79 y en el 80, en los Grandes Premios de Argentina y Brasil. Después del Gran Premio de Brasil me dijeron: “Vení a Europa y te venís a trabajar con nosotros”. Así que armé las valijas y fui.-Era muy joven, ¿cómo reaccionaron en su casa?-Mis padres estaban separados y mi madre al principio no quería saber nada, pero después fue ella la que me ayudó. Me dio una mano económicamente para poder irme a Europa y concretar el sueño porque, como en todos los sueños, siempre hace falta gente que te ayude en el camino. Me fui en 1980 y ya llevo 46 temporadas de Fórmula 1...-¿Qué hacía en Shadow? -Fui como ayudante y hacía de todo: tomaba la presión de las gomas, limpiaba las llantas, todo lo que tenés que hacer empezando desde abajo. En el equipo era el “che pibe”. “Che, pibe traé esto, llevá lo otro, llevá una pieza de un motor que tenemos que arreglar, volvé, manejá...”. Hacía de todo.-¿Cuándo pasó al periodismo?-Ese mismo año, 1980. El Gran Premio de Francia fue la última carrera en la que el equipo compitió. Después entró en convocatoria y dejó de correr. Durante esa temporada yo había conocido al equipo de Carburando, a Cacho González Rouco y a toda la gente que cubría las carreras del Lole. Cuando se enteraron de que el equipo se había caído me dijeron: “Che, ¿por qué no te venís a trabajar con nosotros? Nos haría falta tener una persona que hablara idiomas, que pudiera hacer entrevistas, que nos ayudara con todo ese tipo de cosas”. Y me fui adaptando a otro plano. Primero trabajé con la radio, en el 80 y el 81. Después, en el 82, se paró todo por la Guerra de Malvinas y porque Reutemann dejó de correr. Durante un par de años fui a muy pocas carreras desde Argentina porque, en la posguerra, viajar era complicado.-¿Cómo siguió su vida entre Europa y la Argentina?-Me casé con Cecilia en 1985. Ella es cordobesa y nos fuimos a vivir primero a Inglaterra y después a Alemania. Ahí me volví a meter en el ruedo, con trabajos en radio, revistas y algunas cosas de televisión. Un par de años después, cuando nació mi primer hijo, volví a Buenos Aires y me alejé un poco de los medios para hacer otras cosas. En 1989 empezamos a trabajar con Telefe. Yo seguía haciendo cosas con la Fórmula 1 y ahí me dijeron: “Queremos ver el tema de los derechos. El Lole no corre más, pero nos interesaría hacer algo”. Entonces me puse en contacto con Ecclestone.“¿Podremos traer la Formula 1?"Felipe Mc Gough también fue parte de los primeros años de VideoMatch, el ciclo que Marcelo Tinelli estrenó en 1990 como un programa deportivo antes de virar hacia el humor. Allí participó como especialista en automovilismo y compartió pantalla con periodistas como Gonzalo Bonadeo, Osvaldo Príncipi, Rubén Daray y Cocho López. Mc Gough, además, había sido socio de Tinelli años antes, ambos habían armado una productora cuando trabajaban en Radio Rivadavia.-¿Cómo consiguió los derechos para televisar la Fórmula 1 por Telefe?-En el 89 fui a verlo a Ecclestone y le expliqué que había un grupo nuevo, Telefe, con gente vinculada al deporte y a El Gráfico, que quería hacer algo diferente: darle mayor trascendencia, viajar a las carreras. Presenté una propuesta. A Ecclestone le gustó y al año siguiente nos vendió los derechos para Argentina. Empezamos a transmitir en 1990. Dos años después, me contó que América Latina era un mercado muy difícil para él. Me dijo: “Es un mercado que me resulta sumamente hostil. Nadie habla inglés, la mitad me paga, la mitad no me paga. Es muy difícil organizarme”. Le hicimos una oferta para comprar los derechos de toda América Latina, menos Brasil, y desde Telefe salimos a sublicenciarlos. Lo hicimos hasta 1999. Fueron diez años muy buenos. Y en el medio surgió la posibilidad de organizar la carrera.-¿Cómo nació la idea de volver a traer el Gran Premio de Fórmula 1 a la Argentina?-Si no hubiese sido por Marcos Gastaldi, hubiera sido muy difícil hacer la carrera. Yo lo conocía porque era fanático del automovilismo. A veces viajaba, era amigo de los Benetton que en ese momento tenían el equipo y nos veíamos en las carreras. Un día, tomando un café en Buenos Aires, me dijo: “¿Podremos conseguir el contrato para que la Fórmula 1 vuelva a la Argentina?”. Le respondí: “Mirá, yo el contrato lo consigo. Si vos conseguís la plata, yo consigo el contrato”. A los pocos días me llamó y me dijo: “Dale. Averiguá qué hace falta y yo lo consigo”.-Imagino que hacía falta mucho dinero...-Sí, eran millones de dólares. Como privado, solo, no lo podías hacer. Tenías que presentar garantías bancarias. Además, había una cantidad de cosas que no eran fáciles. El autódromo era de la Ciudad de Buenos Aires, tenías que hacer un acuerdo con la Municipalidad. Había muchos engranajes que había que aceitar para que el sistema

Fuente: La Nación