Dejó todo en la ciudad y se mudó a un pueblo totalmente deshabitado: “La soledad es un elemento que te ayuda a reflexionar”

Hace más de una década, Tomás Ballesté García dejó atrás la ciudad para instalarse en Solanell, un antiguo pueblo del Pirineo catalán que durante años permaneció prácticamente abandonado y donde hoy resulta el único habitante permanente. Su historia inspiró al canal de YouTube Monxileros, cuyos creadores pasaron un día completo con él para conocer cómo vive en un lugar donde el silencio reemplazó el escándalo urbano y donde las casas de piedra conservan siglos de historia.Aunque muchos imaginan que vivir completamente solo representa aislamiento o tristeza, Tomás asegura que la experiencia le permitió encontrar algo que nunca sintió durante su residencia urbana. Antes de llegar a Solanell, Ballesté trabajaba en una empresa, pero un accidente marcó un antes y un después. “Quedé ciego de este ojo. Entonces, la empresa en la cual trabajaba, en vez de apoyarme, decidió dejarme fuera”, recordó.Mientras intentaba reorganizar su vida en Girona, su hermano le habló de un proyecto para recuperar un pequeño pueblo en ruinas. La primera impresión no resultó positiva. “Miro a mi alrededor, miro a mi hermano y digo: ‘Tú estás mal. Nos has traído a un pueblo en ruinas’”, contó. Sin embargo, aquella visita dejó una inquietud persistente: “Al cabo de tres meses dije: ¿Y por qué no?” La respuesta terminó cambiando su vida para siempre.Tomás llegó a Solanell hace doce años, a los 52. Hoy, con 64, afirmó que nunca se arrepiente de aquella decisión. Actualmente vive con una pensión contributiva de 480 euros mensuales, complementada ocasionalmente con pequeños trabajos. Lejos de considerar esa situación como una limitación, sostiene que el entorno facilita una vida con menos gastos y más libertad. “Aquí es sencillo, no tenés ningún bar o ninguna historia en la cual tengas que gastar”, explicó.Una de las preguntas más frecuentes alude a la forma en que soporta la absoluta soledad. Su respuesta rompe con la idea tradicional de ese concepto. “La soledad es un elemento que te ayuda a reflexionar, a pensar, a desfragmentar el cerebro”, afirmó. Aclaró que nunca se sintió aislado porque mantiene contacto permanente con su hija, amigos y otras personas. Cuando necesita compañía, simplemente baja a localidades cercanas como La Seu d’Urgell o Andorra, pero siempre regresa al lugar donde encontró el equilibrio.Con los años no solo restauró su vivienda. También comenzó a estudiar la historia del antiguo condado de Castellbò y del propio Solanell, cuya existencia data del siglo VIII. Ese proceso modificó su percepción del entorno. “Lo que vos veías, una ruina (...) esa mimetización hace que veas unas piedras que estaban llorando y otras que han dejado de llorar, que son las que se han reconstruido”, señaló. Actualmente participa en proyectos para recuperar el patrimonio local y defiende la necesidad de atraer nuevos habitantes.Durante la charla, Tomás reflexionó sobre la presión cotidiana. “La vida quizás es más sencilla de lo que nos vendieron”, sostuvo. Considera que la sociedad dramatiza problemas mínimos mientras olvida valorar aspectos básicos como el tiempo, la naturaleza o la calma. Para él, la felicidad consiste en eso. “La felicidad te la da el estar bien en un entorno en el cual tú haces y desarrollas las cosas según te van viniendo”, resumió.Como único residente permanente, bromeó diciendo que desempeña todos los cargos imaginables. “Soy el alcalde de Solanell, soy el alguacil de Solanell, soy el policía de Solanell, soy el cura de Solanell”, comentó, entre risas. Incluso aseguró que celebra misa todos los días.Mientras muchas personas sueñan con escapar del ruido de las grandes ciudades, Tomás encontró en este pueblo casi vacío tranquilidad, propósito y una felicidad que nadie le quitará.Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA a partir de un artículo de El Tiempo

Fuente: La Nación