Don Segundo Sombra: el personaje literario que reflejó la imagen más fiel del gaucho

Hace cien años se publicó un libro titulado Don Segundo Sombra, escrito por Ricardo Güiraldes, de gran éxito. El libro nos presenta al gaucho tal cual era a comienzos del siglo XX, nos informa y da noción de lo que fue el gaucho en siglos pasados y señala el porvenir del gaucho, lo gaucho y el tradicionalismo gaucho.Si bien, según muchos escritores y en el uso que hacemos de nuestro idioma, solemos emplear como sinónimos las palabras gaucho, paisano y criollo, a pesar de que muchos sabemos bien la diferencia, al menos la que figura en los diccionarios, aclaremos que esto podría cambiar con el tiempo. Sin embargo, en la obra de Güiraldes se ven como sinónimos las palabras gaucho y paisano, lo que, para la época en que fue escrita, es todo un mérito del escritor.El Súper Niño gana fuerza y crece el riesgo de lluvias excesivas en la ArgentinaEs un libro sumamente gauchesco, en el que la exaltación del gaucho es monumental por parte de un escritor de una prosapia muy importante, en los buenos tiempos argentinos.Güiraldes se inspiró en el gaucho y, fundamentalmente, en Don Segundo Ramírez; de ahí la dedicatoria del libro, que comienza: «A Ud., Don Segundo», dedicatoria que termina con una expresión de una originalidad mística, patriótica y religiosa que es preludio de la gran obra: «Al gaucho que llevo en mí, sacramente, como la custodia lleva la hostia».Don Segundo Sombra es un caballero andante; responde a lo que en dos oportunidades se ha escrito en el libro: «... mejor que hombre, gaucho». La condición de caballero llega al heroísmo.Don Segundo Sombra es, fundamentalmente, un paisano completo; en él suena, como en tantos hombres de campo habilidosos y honestos, la palabra «Don» como un título. No encaja en él, ni en tantos criollos argentinos de hoy, la expresión trabajador rural, pues son palabras insuficientes. Un Don Segundo Sombra, y/o un Don Segundo Sombra de hoy, es mucho más que un trabajador rural.Don Segundo, que no tenía más que lo puesto, sus caballos y su apero, se hace prácticamente cargo, responsablemente, de un chico de catorce años durante cinco años, en un constante andar de resero y, al mismo adolescente, le ayuda a ganarse la vida en todo ese tiempo trabajando. Además, Don Segundo Sombra no era joven para semejante carga. Es un gaucho superior, no es uno más. Llega al extremo de ofrecer su apero tendido para que lo use un hombre en desgracia que necesitaba dormir para aliviarse de su drama, y el viejo gaucho usa un cojinillo de almohada y duerme en el suelo.Todo lo que está escrito en el libro, si bien es creación de Ricardo Güiraldes, lo pudo haber hecho y vivido cualquier gaucho, empezando por Don Segundo Ramírez. Aclarando que, de todos modos, se nos presenta un gaucho distinto, y así está escrito en el libro: «... no me parece ser como cualquiera de los muchos que somos», dice un personaje hablando de Don Segundo.Don Segundo, hombre muy rudo, es de alma sensible y así, cuando el muchacho Fabio Cáceres hereda una estancia de su padre, de lo que se entera llevando una tropa, los reseros siguen su camino, separándose del joven que, en su angustia, le pregunta a Don Segundo Sombra:-¿Y usté?-Yo te acompaño —le contesta el gaucho.El joven, de unos diecinueve o veinte años, pensaba que era un gaucho y que dejaría de serlo por ser rico. Resulta de lo más interesante el drama del muchacho, que por analogía podemos aplicar a mucha gente de nuestros días. Entonces aparece una de las expresiones más excelentes, humanas, paternales y consoladoras para el chico, como para muchos hasta el día de hoy y por siempre, de la boca de un gaucho, Don Segundo Sombra, que usaba chiripá, prenda que no tiene bolsillos: «Si sos gaucho de veras, no has de mudar, porque andequiera que vayas, irás con tu alma por delante como madrina ‘e tropilla».Con el respeto y afecto que el joven tenía por Don Segundo y siendo el paisano ya de mucha edad, naturalmente podría haberse quedado a pasar sus últimos años con su ahijado; pero el ansia de camino, de pampa y de libertad era algo imposible de evitar y así resistió el gaucho el estar quieto en una estancia por el espacio de tres años, tiempo suficiente para que el joven patrón se adaptara a la nueva vida. Hasta en esto fue responsable el gaucho.Aunque el libro es muy accesible para todo el mundo, no cualquiera puede interpretarlo y entenderlo en su plenitud, pues si el lector es de mentalidad urbana, su entendimiento se limita bastante. Si es consciente de eso, va por buen camino; pero si no es consciente de ello y se larga a opinar y/o criticar el libro, pues el hombre criollo y/o entendido debe tomarlo de quien viene. En esto es genial José Hernández:«Y al que me quiera enmendar mucho tiene que saber; tiene mucho que aprender el que me sepa escuchar; tiene mucho que rumiar el que me quiera entender».Ricardo Güiraldes se llama Ricardo en homenaje al médico que atendió su nacimiento, el Dr. Ricardo Gutiérrez (en su honor, el Hospital de Niños de la Ciudad de Buenos Aires lleva su nombre). El Dr. Ricardo Gutiérrez fue muy importante para el fenómeno gaucho. Su intervención en el parto fue un presagio de lo que sería el niño y, al fin y al cabo, cuando los restos de Ricardo Güiraldes fueron sepultados, Don Segundo Ramírez estaba presente, con todo lo que eso significa y simboliza.La despedida de Don Segundo Sombra de Fabio Cáceres es de una profundidad humana que merece el aplauso de todos los tiempos. Ambos, de a caballo, en silencio, llegan a un lugar de despedida donde se dan la mano y se despiden así. Fabio queda mirando a Don Segundo hasta no verlo más por la distancia y, al retirarse del sitio, se lamenta. Así termina el libro: «Me fui como quien se desangra».

Fuente: La Nación