Discriminación corporal: a siete de cada 10 argentinos les cuesta encontrar ropa de su talle

Salir a comprar ropa la pone de mal humor, dice Paula L., de 42 años, aunque recién hace pocos años se dio cuenta de que era así. “Es algo que en general trato de evitar. La situación de que me den el talle más grande y no me entre o que me digan que es talle único por mucho tiempo me frustró. Por eso prefiero evitarlo. Ahora compro por Internet, o afuera y me evito ese mal trago. Cuando estoy en otros países, el talle L me va perfecto, pero acá, no entro. Por muchos años sentí que había algo malo con mi cuerpo e hice de todo. Recién ahora, de más grande me doy cuenta que el talle único es una forma de maltrato corporal. Lo mismo que una tabla de talles que no refleja los cuerpos reales de los argentinos”, dice. No es la única a la que le ocurre. Y su percepción coincide con lo que les pasa a la mayoría: A siete de cada 10 argentinos les cuesta encontrar ropa del tamaño de su cuerpo, según revela una encuesta sobre imagen corporal, discriminación, alimentación, ejercicio y redes sociales, cuyos resultados se presentaron esta semana.“¿Cómo vivimos nuestros cuerpos en Argentina?” Esa es la pregunta que titula la Encuesta Nacional sobre Alimentación, Ejercicio y Redes Sociales , realizada por la organización AnyBody Argentina entre octubre de 2025 y febrero de 2026 con más de 2000 casos, tanto entre hombres como mujeres. Desde 2012, esta organización realiza una investigación sobre los talles y la percepción corporal de los argentinos. Pero este año decidieron indagar otras dimensiones. Los resultados se anticipan un clima de malestar personal vinculado con la autopercepción corporal y con los mensajes sociales de aceptación o rechazo a la persona a causa de una cierta apariencia física.A siete de cada 10 personas (69%) les cuesta encontrar ropa de su talle. El 90% dice que se siente mal cuando eso ocurre. El 46,7% dice que se enoja con la tienda y el 43,7% que se enoja o se entristece con su propio cuerpo. La respuesta más frecuente fue: “Me siento mal (enojo, tristeza) con mi cuerpo por no quedar en la ropa”. Solo el 10% dijo que le resulta indiferente, o que esa situación no afecta su estado de ánimo. Además, hay otro dato que resulta preocupante, en tanto puede ser un precursor de desórdenes alimentarios: Después de no encontrar ropa en su talle, el 54% de las personas comenzó una dieta para modificar su cuerpo. Y el 51% hizo ejercicio para ese mismo fin.“Nos pareció llamativo que, cuando nosotros preguntábamos sobre razones para hacer dietas, enseguida aparecían vinculado el no encontrar ropa. Es decir, no encontrar ropa lleva a las personas a querer modificar su cuerpo. Y lo hacían a través de la dieta y el ejercicio. Nos pareció importante y necesario investigar sobre eso, saber un poco más sobre cómo las personas piensan y perciben su cuerpo, qué los influencian a sentir y pensar su cuerpo de determinada forma”, explica Mercedes Estruch, sociologa y presidenta de Anybody Argentina, al frente del estudio.El trabajo investigó sobre la imagen corporal, las vivencias y las vivencias de discriminación en distintos ámbitos. En el 77% de los casos, la percepción sobre el propio cuerpo, condicionada por este tipo de experiencias, influyó en sus actividades y hábitos del día a día, tales como alimentación, ejercicio, vestimenta, y hasta relaciones personales. “El 55% dijo que espera cambiar su cuerpo para animarse o permitirse hacer cosas que desea”, apunta el informe. La discriminación corporal aparece con formas invisibles, socialmente aceptadas, aun cuando produzcan mucho daño: Casi la mitad (el 45%) de las personas encuestadas tuvieron su primera experiencia de discriminación por el tamaño de su cuerpo antes de los 10 años y, este porcentaje, llega al 80% entre quienes lo vivenciaron antes de los 16 años.La presión por el cuerpo se incrementa en esta época del año: 4 de cada 10 (41,4%) dijeron que habitualmente intentan modificar su cuerpo para “llegar al verano”. Y en la encuesta aparecieron otros datos que indican que la discriminación entrelaza interpretaciones erróneas entre la alimentación y el aspecto físico: Casi la mitad (47%) asume que puede deducir lo que otra persona come habitualmente, según como es su apariencia física. Autopercepción y aceptación social¿Y por qué? El estudio muestra una relación muy cercana entre la autopercepción corporal y la aceptación social. El 97% afirma que la sociedad trata mejor a quienes responden al mandato de belleza, que en el caso argentino sobrepondera la delgadez. Más de la mitad (56%) de los encuestados dijo que evitó ir a un lugar, llegó tarde o se fue antes de un evento por sentir incomodidad con su cuerpo. “Cuando les preguntamos por qué querían modificar su cuerpo, muchos dijeron que es para agradarle a otros. O sea, el agradar a otros es más importante que la salud, y otras posibilidades”, apuntó Estruch.Hay lugares donde la discriminación por el tamaño del cuerpo se siente más fuerte, indica el informe: Los locales de ropa están a la cabeza de la lista, con el 64,7% de las respuestas; le siguen los espacios educativos (54,3%), la propia casa (50,8%), y el consultorio médico (40%). Estos son los ámbitos en los que las personas contaron con más frecuencia que recibieron comentarios despectivos o prejuiciosos, que los hicieron sentir mal consigo mismos, por el tamaño de su cuerpo.El informe también analizó el impacto de las redes sociales sobre la imagen corporal. El 85% afirmó que las redes sociales influyen en cómo piensa y se siente respecto de su cuerpo. El 56% mencionó comparación corporal y el 22% mencionó inseguridad o malestar. Además, siete de cada 10 encuestados dijo que vio maltrato o discriminación en Internet y redes sociales hacia personas con cuerpos similares al suyo.Según surge de la encuesta, el 90% dijo que frecuentemente ve en las redes anuncios que promueven la modificación corporal y más de la mitad (56%) afirmó verlos siempre. Y 7 de cada 10 encuestados dijeron que esos anuncios influyen en su percepción sobre su propio cuerpo. Además, 9 de cada 10 mencionó que cuando se acerca el verano, ese tipo de contenido aumenta en las redes. El 32,2% dijo que sigue a personas que hacen dieta para modificar su cuerpo y 5 de cada 10, que hacen ejercicio con ese fin. Y casi la mitad asegura que se siente mal con su cuerpo después de ver ese contenido.“De estas y otras preguntas se desprenden resultados que nos convocan a repensar urgentemente qué estamos haciendo con nuestros cuerpos, cómo cuidamos nuestra salud física, emocional, mental, y qué contenido está creando el mundo para que consumamos”, señala el informe de Anybody, una organización que promueve la diversidad corporal y la lucha contra la violencia estética.“El estudio surgió de la necesidad de profundización del entramado de la salud integral con los mandatos estéticos. Por ello, la organización decidió ir más allá de la histórica Encuesta Nacional de Talles que AnyBody realiza desde 2012, para poder obtener datos honestos sobre qué le sucede a la población argentina cuando se alimenta, realiza actividad física o scrollea en redes sociales, y cómo eso interactúa con sus emociones y salud mental”, explica el informe. “¿Por qué es importante saber cómo vivimos nuestros cuerpos en la Argentina? Si bien la problemática de los talles es una demanda siempre vigente, esta nueva herramienta surgió de la necesidad de ampliar el enfoque y generar datos sobre cómo las personas vivimos nuestros cuerpos en la vida cotidiana en un contexto de alta presión social: al vestirnos, al movernos, al comer, al vincularnos con los demás y con nosotros mismos, o al usar las redes sociales. Tener datos concretos sobre cómo los ideales de belleza afectan nuestra relación con la comida, el ejercicio y la salud mental, nos permite hablar del día a día de nuestro cuerpo como barrera mental, física, social y emocional, pero también como oportunidad. Como organización tenemos la obligación de cuestionar qué nos está atravesando socialmente para visibilizar algo que empieza en la intimidad de las personas, pero que se manifiesta en el espacio público”, detalla el estudio.

Fuente: La Nación