Drenaje linfático y masaje capilar: la experiencia, en primera persona, de una sesión que libera tensiones y además rejuvenece

Son las 7 de la tarde después de un día largo de trabajo y, si bien estoy cansada, esta experiencia es la mejor manera para terminar un lunes. La música suave y la luz tenue me ayudan a bajar un cambio y empezar a soltar las tensiones del día. Me entusiasma descubrir esta práctica por primera vez: estoy expectante. Me saco los zapatos y me acuesto en una camilla. Me coloco una vincha de toalla para no ensuciarme el pelo y elijo entre cuatro propuestas el masaje que combina drenaje linfático y masaje capilar y, a partir de ese momento, todo parece invitarme a bajar todavía un poco más el ritmo. Las otras alternativas eran un masaje pensado para descongestionar el rostro que incluye gua sha (técnica tradicional de origen asiático que utiliza una herramienta de piedra, generalmente de jade o cuarzo, para realizar suaves pasadas sobre la piel); un lifting facial realizado de manera manual y un masaje miofascial para liberar principalmente las tensiones de la mandíbula. Los dedos ágiles de Cecilia Navarro Gamboa -la kinesióloga y fisiatra a cargo del tratamiento en Faceit- recorren mi rostro con extrema suavidad y una precisión casi hipnótica. Se deslizan con movimientos delicados, firmes y al mismo tiempo livianos. Conocen exactamente dónde detenerse y qué tensión liberar. Cierro los ojos y me dejo llevar. Al principio estoy tensa, pero de a poco cada uno de los músculos de mi cara empiezan a relajarse. La mandíbula se afloja, la frente se suaviza y hasta los ojos parecen pesar menos. Disfruto cada instante, entregándome por completo a esas manos que, con una delicadeza única, van borrando las tensiones del día. Según la kinesióloga, la cabeza y el cuello se trabajan de manera conjunta porque forman un sistema íntimamente relacionado. “Los músculos de nuestra cara no solo son los efectores de nuestras emociones, sino que participan en funciones hegemónicas como la respiración, la alimentación, el habla y la visión. Puede suceder, por ejemplo, que el cansancio visual genere tensión en los músculos del entrecejo, que hábitos como fumar o patologías como el bruxismo carguen de tensión los músculos de la boca o la articulación de la mandíbula, y que luego la combinación de esos disbalances musculoesqueléticos se traduzca en molestias en el cuello (y viceversa)”, puntualiza.Cuando termina el masaje del rostro, se extiende hasta el cuero cabelludo. Empiezo a sentir cosquillas en la cabeza y una sensación muy agradable. La relajación es completa y profunda. Relajación profundaAl preguntarle por qué el masaje del cuero cabelludo resulta tan relajante, explica: “Desde el componente mecánico, podemos hablar del tejido fascial, que genera un puente conector entre los músculos del cuello posterior y los músculos faciales, generando una traducción entre ambos espacios. Cuando liberamos el cuero cabelludo, volvemos a habilitar esa comunicación”. Desde el punto de vista nervioso, asegura que la inervación del cuero cabelludo surge de C2, un nervio que aparece en la zona de los músculos suboccipitales. “Así como sale, entra información y repercute en tejidos circundantes, por lo que masajear el cuero cabelludo también influye en esa zona”. Por otro lado, destaca que hay una cuestión anímico-emocional, que a muchas personas les resulta relajante desde el punto de disfrute de esa experiencia y la conexión que se genera en este tipo de masajes. Además, menciona los beneficios vasculares que produce cualquier tipo de masaje, así como la conexión fascial y la presencia del músculo temporal que van a influir en la relajación de las tensiones de la articulación temporomandibular.Diversos estudios sugieren que parte de esa sensación de relajación puede explicarse por la manera en que el sistema nervioso responde al tacto. Los movimientos suaves, lentos y repetitivos del masaje generan estímulos sensoriales que pueden influir sobre el sistema nervioso autónomo, relacionado con la regulación del estrés, la frecuencia cardíaca y otros procesos involuntarios. En paralelo, el drenaje linfático manual tiene un objetivo específico: favorecer el movimiento de la linfa y contribuir a disminuir la acumulación de líquido en los tejidos. Por eso, esa sensación de liviandad que aparece después de la sesión puede tener una dimensión tanto corporal como subjetiva: mientras el tratamiento actúa sobre los tejidos, el contacto sostenido y delicado también puede ayudar a que el cuerpo baje el nivel de activación.La sesión dura una hora y no quiero que termine. Casi me quedo dormida. Me tomo unos minutos para incorporarme y aprovecho para disfrutar de esa renovación placentera que empiezo a sentir. La idea no es apurar el proceso. “Tomate el tiempo que quieras para levantarte”, me recomienda Navarro Gamboa.En el espejo, mi piel brilla y mi rostro luce diferente. Camino sin urgencia rumbo al estacionamiento. Es de noche y la avenida está tranquila. Siento que algo cambió: estoy más liviana, más presente y conectada conmigo misma. Renovada es la palabra que me surge. A veces, renovarse no requiere grandes decisiones. Alcanza con detenerse, cerrar los ojos y regalarse un momento.

Fuente: La Nación