Bernardo Stamateas, psicólogo: “El síndrome de burnout es un cuerpo que no para de hacer y una cabeza que no para de pensar”

En los tiempos actuales, muchas personas se quejan de que “están cansadas de ser fuertes”. Tal vez este también sea tu caso. Y la primera idea que quiero compartirte hoy es que ser fuerte, en muchas ocasiones, es un mecanismo de defensa. Cuando una persona, en su primera infancia o en su adolescencia, tiene que asumir alguna responsabilidad que no corresponde a su edad (como cuidar a los hermanos menores o a alguno de los padres), eso suele generar un mecanismo de sobreadaptación. Casi sin darse cuenta, aprende a resolver, a hacerse cargo, a seguir adelante, a pensar: «Yo soy fuerte». Es como si hubiera tenido que crecer demasiado rápido.Esto conduce a un segundo mecanismo: la hiperindependencia. Cuando uno se vuelve demasiado autónomo, porque no tiene otra opción, desarrolla el miedo a depender de los demás y asume el rol de fuerte. A nivel inconsciente, aparece la idea: “Yo tengo que atender o ayudar o salvar a los demás”. Entonces, le cuesta mucho pedir ayuda. Cree que no la necesita, que no tiene que molestar a nadie, que puede arreglárselas siempre sola.Y hay un tercer mecanismo que solemos observar en aquel que se percibe fuerte: la necesidad de control absoluto. Controlar puede reducir la ansiedad a corto plazo, pero no a largo plazo. La persona necesita que todo esté bajo su dominio, que todo salga perfecto, que todos hagan lo que ella quiere. Sin embargo, ese exceso de control hace que termine cansada de ser fuerte.El “síndrome de burnout”, conocido también coloquialmente como “síndrome del quemado” —tan común por estos días—, es un cuerpo que no para de hacer, una cabeza que no para de pensar y analizar. Hasta que llega el momento en que se ve obligado a detenerse porque aparece el cansancio… Entonces, ¿cómo podemos saber si estamos cansados de ser fuertes? Por estas tres señales:El cansancio que no se resuelve durmiendo porque el sueño no actúa como un reparador natural. La persona duerme y se levanta cansada; o se va de vacaciones y no logra desconectarse. La irritabilidad. Es el síntoma por excelencia de que el fuerte está cansado. Todo le molesta. Alguien le dice algo que no le gusta, y estalla. Alguien llega tarde a una cita, y se pone furioso. Alguien no lo saluda, y se deprime. Eso es hipersensibilidad, producto del agotamiento.La postergación. La persona posterga ir al médico. Posterga comprarse los zapatos nuevos que necesita. Posterga hacer ese viaje que desea hacer. Por eso, termina agotada física y mentalmente. Porque postergar nuestras necesidades es hipotecar nuestro futuro. ¿Cómo podemos comenzar a salir de esa necesidad de ser fuertes todo el tiempo? Te comparto algunas técnicas sencillas:Hacer un inventario que incluya estas tres columnas: 1) qué cosas me corresponde hacer a mí; 2) qué cosas puedo compartir con otros; y 3) qué cosas no me corresponde hacer a mí. Todos necesitamos aprender a compartir. Y la buena noticia es que hay gente que ama hacer aquello que uno detesta. También hay personas que hacen muy bien lo que uno hace mal. Finalmente, a todos nos gusta sentirnos útiles.Durante el día, tomar una tarea menor y hacerla bien solo en un 80%. Es decir, permitirme hacer algo de manera no tan perfecta. ¿Por qué? Esto es muy bueno para los perfeccionistas: ¡porque hay vida después del error! De esta manera, bajamos el nivel de exigencia. Claramente hay que procurar la excelencia, pero es muy difícil vivir permanentemente con la “espada de Damocles” sobre la cabeza.Cambiar el “debo hacer esto” por “quiero hacer esto”. La idea del deber ya nos estresa. En cambio, cambiar el deber por el querer nos produce alivio.Preguntarnos: “¿Qué quiero?”. Esta es una pregunta eje, porque muchas veces no somos conscientes de que vivimos para los demás. Y detenernos a considerar qué queremos realmente hacer es darnos permiso para dedicarnos a nosotros el tiempo y la atención que merecemos.Ser necesario todo el tiempo puede convertirse, silenciosamente, en agotamiento. Cuando a alguien le cuesta delegar y construye su identidad sobre la base de “me necesitan”, ya sea en casa, en el trabajo o con los amigos, dicha actitud activa el rol de salvador. En el fondo, aquel que vive para salvar a otros está esperando que haya reciprocidad. Y, cuando no la hay, experimenta un doble sufrimiento.Descansar de verdad es dejar de estar disponible 24/7 para los demás. Tenemos que aprender a cuidarnos y a pedir ayuda. Porque, si yo siempre sostengo a todo el mundo, estoy enviando el mensaje de que no necesito que nadie me sostenga a mí. Y, tarde o temprano, puedo terminar quemado y con bronca, pensando: “Al final, yo ayudo a todo el mundo, y a mí nadie me ayuda”.Ser fuerte durante demasiado tiempo es también una manera de no sentir. Muchas personas asumen ese rol para no conectar con su mundo afectivo. Sin embargo, nadie es totalmente fuerte ni totalmente débil. Todos tenemos rasgos de fortaleza y de debilidad; y aprender a encontrar el equilibrio entre ambos es una manera de cuidar nuestra salud física y emocional para vivir en plenitud.

Fuente: La Nación