Alfredo Berti: “El fútbol tiene dos caras, pero no hay que creerle a ninguna de las dos”

MENDOZA.- A través del ventanal de la oficina se ve la cancha desnuda del Gargantini. Los arcos sin red, no están los carteles de publicidad, nadie pintó las líneas de cal y desde la otra punta llega el ronroneo del tractorcito que corta el césped. Por momentos llovizna en el Parque San Martín. Alfredo Berti está hundido en el sillón, con la boina que no se quitará nunca. Las muletas a un costado, compañeras desde el traicionero resbalón que le fracturó el peroné derecho. De golpe hace una confesión que denuncia su espíritu campechano, lejos del ruido que no lo representa: “A principios de los ’80 yo quería ser el ‘Mago’ Garate, zurdo, diez, era el ídolo de mi club, Atlético Empalme… Incluso hoy, ahora, si suena el teléfono dejo todo porque me estará llamando el ‘Mago’. De pibe iba a la cancha para verlo a él… y en la semana me lo cruzaba por las calles porque era el cartero del pueblo. A los 15 años jugué mi primer torneo nocturno, y el ‘Mago’ Garate me llamó para su equipo… ¡Listo! Era como estar con Maradona, mi carrera podría haber terminado ahí y estaba hecho”. Quizás como una maldita premonición, la trayectoria de Berti sería corta: debutó en 1992 y para 2000 ya era un exjugador. En 1997 Boca había confiado en él, pero un planchazo en un partido contra Ferro fue el comienzo del fin. Paró unos días, volvió contra Deportivo Español y tuvo que salir en el entretiempo. Casi no podía pisar, y de ahí en adelante todo se complicó. “Una fractura osteocondral en el tobillo derecho, cuatro operaciones y el retiro del fútbol. Nunca me había lesionado en toda mi vida, ni un desgarro, nada. Y de repente se me derrumbó todo”. La mirada se pierde más allá del ventanal… hasta que unos chicos golpean del otro lado para saludarlo. Para traerlo en el tiempo, para mostrarle orgullosos sus camisetas de Independiente Rivadavia. Para confirmarle que el camino ha valido la pena. -A los 29 años, se acabó. ¿Cómo lo asimilaste?-Entre los 25 años y medio y los 29, que estuve en Boca, fueron operaciones y rehabilitaciones, una tras otra. Pasaban los meses y nunca había mejorías, entonces me fui haciendo la idea… Otros jugadores, con la misma lesión, habían tenido que retirarse, como Van Basten. Había que aceptarlo, al principio con mucho dolor y después con la lógica resignación. Tenía que dejar de jugar. -¿Hoy hubieses podido seguir jugando a partir de los avances de la medicina deportiva?-Sigue siendo una lesión complicada. Por ejemplo, Sebastián Battaglia, con quien fuimos compañeros, con el tiempo sufrió una lesión muy parecida, osteocondritis de tobillo, y tuvo que dejar. Es una lesión muy compleja porque falla el cartílago que recubre al hueso, y sin ese cartílago el dolor es muy intenso, entonces perdés los movimientos naturales para intentar compensar ese dolor… y todo se va desacomodando. En algunos gestos, como los giros repentinos, me daba un pinchazo que ni me dejaba correr. Y esos movimientos el fútbol te los pide continuamente. En las distancias rectas podía soportarlo, pero en los frenos y los enganches era imposible. Me anulaba.-Dejaste de jugar en 2000 y debutaste como DT en 2013, en Newell’s. ¿Qué hiciste en el medio?-Me fui a mi pueblo, a Empalme Villa Constitución, y fui un ciudadano más. Tenía hijos muy pequeños, dos nenes y dos nenas, y estuve tratando de sanar lo que había pasado, fue un proceso. Me dediqué a la familia, a la crianza de los chicos, Ulises y Ángelo, y Apolonia y Julia, siempre mirando y pensando en fútbol, claro, pero no sumergido en él como una opción laboral. Hasta que en 2006 me propusieron ir a las divisiones inferiores de Newell’s y me gustó. Yo entendía que para empezar en la profesión de técnico necesitaba hacer el recorrido desde abajo. Estuve tres años en cuarta, después pasé a la reserva y cuando llegó el Tata Martino a Primera estuve un año y medio viendo todo el proceso de Gerardo. Eso fue muy enriquecedor. Yo entendía que necesitaba cinco o seis años de formación para ordenar todas las ideas, nunca me vi como un entrenador que podía pasar de dejar de jugar a dirigir. No. -¿Cuándo decidiste ser técnico? -Siempre lo supe, desde los 5/6 años decía que iba a ser futbolista y después entrenador. Como jugador yo anotaba todo, incluso desde las pretemporadas. Tenía unas libretitas donde ponía todo, bueno, las sigo teniendo. Ahí volcaba lo que me hacía sentir bien como futbolista y anotaba también las cosas que me chocaban. Lo que sentía el cuerpo, me detenía en esas emociones, para bien y para mal, que me generaban los entrenadores.-Debutás como DT cuando Martino se va a dirigir al Barcelona. Sacaste 26 puntos en 11 fechas, el mejor arranque histórico… y perdiste el título en la última fecha. -Peleamos hasta la última fecha con el Lanús de Guillermo y con Pizzi en San Lorenzo [sería el campeón]. Jugábamos torneo y Copa, y no tuvimos margen de hacer pretemporada y esa base que no tuvimos la pagamos en las últimas cuatro o cinco fechas. Se nos escapó un torneo que estaba para ganarlo… Se nos fue Scocco y creo que nos faltaron esos cinco o seis goles. Fue un gran aprendizaje en muy poco tiempo, viví las dos caras, me sirvió y me modeló como entrenador. Arrancamos bárbaro, pero perdí el clásico y eso en Rosario es muy difícil, estuve una semana en mi pueblo con custodia policial. El fútbol es muy cruel, si ganás servís y si perdés sos un inútil. ¿Y sabés qué? No hay que creer en ninguna de las dos, ahí está el equilibrio. Sino caés en los extremos y te mareás. Cuando debuté como jugador estuvimos 25 partidos sin perder y así llegamos a la final de la Copa Libertadores y salimos campeones locales, en el ‘92. En ese momento pensé “esto es re fácil…” y al año siguiente estábamos peleando el descenso. Vino pronto el correctivo para ver las dos caras. Y no hay que creerle a ninguna de las dos.-¿Querés revancha en Newell’s?-Nunca lo pensé. Vivo el hoy… y no me gusta eso de proyectar cosas cuando uno está laburando en un lugar. Hay que ser respetuoso del lugar que uno ocupa. Por ejemplo, si me echan de un club, digamos, en el 2022, yo espero que termine el 2022 y recién vuelvo a trabajar en 2023. Siempre lo he hecho así. Cuando me echaron, nunca estuve trabajando a los 15 días, no, hay un proceso interno, tengo que esperar. Cuando te dicen que van a hacer circular tu número de teléfono, o te dicen que van a tirar tu nombre por ahí… No, no, a mí no me gusta eso, no quiero que esté mi nombre dando vueltas por acá y por allá. No. Yo tengo el pensamiento de antes, de que las cosas se van a dar sin forzarlas. Yo no voy a andar abriendo puertas cuando estoy trabajando, no, no me saldría. No se pide, las cosas ocurren solas, llegan, o simplemente no suceden. Y punto. En ningún lado me ofrecí, siempre me fueron a buscar. A mí me gusta que me vengan a buscar. Llega en auto al estadio y un par de horas más tarde se marcha en auto. Maneja su esposa. Vive a un puñado de cuadras del Gargantini y añora la rutina de hacer el trayecto caminando, incluso, después de los partidos y en medio de los hinchas. Mostraba un ejercicio en plena práctica cuando giró, se resbaló y se fracturó el peroné derecho. Sí, el derecho, el lado endemoniado. Se entusiasma en cada respuesta y administra las sonrisas, pero se le escapa una cuando escucha si está bien, si es justo el apodo “Loco” que lo acompaña hace años: “Puede haber algunos rasgos de locura, pero solo rasgos. Nunca me consideré un tipo loco. Los apodos pueden venir por algún gesto intempestivo, algunos gritos… Siempre fui muy vehemente, eso sí”, acepta. -Perdiste dos finales de Libertadores, con Newell’s en 1992 y con América de Cali en 1996. ¿Cuál dolió más?-Fueron dos derrotas muy duras. En el ‘92 éramos todos nacidos y criados en Newell’s, y eso tenía un simbolismo enorme, junto con los más grandes, que eran como nuestros hermanos mayores: el ‘Tata’, el ‘Gringo’ Scoponi y Llop. Y después, pibes de 20 o 21 años, quizás Saldaña era un poquito más grande… Y estuvimos tan cerca. Perdimos por penales con el San Pablo de Telé Santana, que tenía a monstruos como Raí. Fue doloroso, claro, pero a los pocos días tuvimos revancha y ganamos el torneo Clausura 92. La final con el América de Cali también fue dolorosa porque en la ida ganamos 1-0 y pudimos hacer otro si convertíamos un penal [Burgos le atajó el remate a Hamilton Cardona]… Ese River también era un gran equipo, el River de Ramón Díaz, con Crespo, Ortega, Francescoli, Astrada, Sorin, Celso Ayala, Gallardo era suplente…Un equipo bárbaro, en la revancha hace los dos goles Crespo y se va a Italia. Yo en ese América jugué con Oscar [Córdoba] y con Jorge [Bermúdez]. Y después íbamos a coincidir en Boca. -Llegás al Boca del ‘Bambino’ Veira y después, en medio de tus lesiones, vivís el Boca de Bianchi…-Claro, estuve todo el proceso, los títulos del ‘98 y del ‘99, y luego concluyó con el título del mundo a finales de 2000 contra Real Madrid. Bianchi fue extraordinario conmigo, tuve un trato bárbaro. Fue muy cordial, muy atento, pensá que era un entrenador que debía formar el mejor equipo de Boca, y aun así, no se olvidaba de atender a un futbolista que estaba lesionado. Uno, cuando se lesiona, se margina solo, no quiere ser una carga, y sin embargo él siempre fue muy considerado. Hasta el día de hoy, me llama. Aprendí mucho de él durante dos años, casi sin poder entrenar en el campo, pero viendo todo desde cerca, desde sus trabajos hasta cómo llevaba al grupo. Fue como una maestría. No jugué ningún partido oficial en Boca con Bianchi, pero sí algunos amistosos, cuando me daban algo parecido a un alta como para probar. Carlos y Bielsa son mis grandes referentes.-¿Cuándo aparece Bielsa en tu vida?-Un día vinieron Griffa y Bielsa a mi pueblo, con Newell’s, y se hizo un partido. Ahí quedamos Raggio, Ariel Graziani y también estaba Sergio Berti, la ‘Bruja’. Fuimos los cuatro a Rosario; el mejor talento era Sergio, pero fue una semana y desapareció, apuntó para Buenos Aires. Bielsa siempre me preguntaba “¿y Berti?”... El otro, clar

Fuente: La Nación Deportes