El Niño: nadie puede impedir que ocurra, pero sí evitar buena parte de sus daños

El fenómeno climático El Niño ya está instalado y se anuncia intenso. La diferencia entre sufrirlo y atravesarlo con menos pérdidas está en cómo se usa la información disponible: qué sembrar, cuándo, con qué máquinas, cómo asegurar la salida de la producción y cómo cuidar las finanzas.Una tormenta llega con horas de aviso. Una helada, con días. El Niño, en cambio, se anuncia con meses de anticipación. Esa es quizás su característica más valiosa y, al mismo tiempo, la menos aprovechada. Este año el aviso fue claro: desde mediados de agosto los organismos internacionales confirmaron que el fenómeno se consolidó en el océano Pacífico, con altísimas probabilidades de que se mantenga al menos hasta el verano, y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) pronosticó lluvias superiores a lo normal para octubre, noviembre y diciembre en buena parte del país. Varios especialistas lo ubican entre los eventos más intensos de las últimas décadas.“Año extraordinario”: Brasil prevé la mayor importación de trigo en 30 años y abre una oportunidad para la ArgentinaNadie puede impedir que El Niño ocurra. Pero sí se puede decidir cómo llegar a él. Y para eso, hoy, la información sobra; lo que suele faltar es convertirla en decisiones.El Niño es la fase cálida de un fenómeno natural que los científicos llaman ENOS (El Niño–Oscilación del Sur). En años normales, los vientos del Pacífico ecuatorial empujan el agua cálida hacia Asia y Oceanía. Cuando esos vientos se debilitan, el agua caliente se extiende hacia el centro y el este del océano, frente a Sudamérica, y eso modifica la circulación de la atmósfera en buena parte del planeta.En la Argentina, su efecto es, el aumento de las lluvias en el Litoral, el noreste y la región pampeana, sobre todo en primavera y verano. Pero no afecta igual a todo el territorio: hay zonas, como el oeste del noroeste, donde puede llover menos de lo habitual. Conviene aclarar algo importante: los pronósticos estacionales hablan de probabilidades y tendencias para un trimestre, no del tiempo de un día puntual. Cómo afecta en el campoMás agua no siempre es una mala noticia. En muchos lotes de la región pampeana, los años Niño han dado buenas cosechas de maíz y soja, porque el cultivo no sufre falta de agua en los momentos críticos. El problema aparece cuando el agua sobra, se acumula y no tiene adónde ir.El primer impacto es sobre el suelo. Con lluvias repetidas, el perfil se satura, las napas suben y los bajos se anegan durante semanas o meses. Un suelo saturado pierde “piso”: las máquinas se entierran, y cuando igual se entra a trabajar, se compacta y se daña su estructura por varias campañas. El segundo impacto es sobre los cultivos. Las siembras se demoran o directamente no se pueden hacer; la implantación es despareja; aparecen más enfermedades por la humedad; las malezas avanzan porque no se puede entrar a pulverizar a tiempo. En ganadería, las pasturas anegadas, los problemas de patas y parásitos y la imposibilidad de llegar a algunos potreros complican el manejo diario.El tercer impacto es el menos visible desde la ciudad: los caminos. La enorme mayoría de la red vial rural argentina es de tierra, y cuando se corta, la producción no sale. El camión de leche no llega al tambo, el grano no llega al puerto, el insumo no llega al campo. Y por esos mismos caminos viajan el transporte escolar, la ambulancia y el vecino que necesita llegar al pueblo. Un camino intransitable no es solo un problema logístico: es un problema de toda la comunidad rural.La buena noticia es que nunca hubo tanta información disponible, y la mayor parte es gratuita. El SMN publica todos los meses su pronóstico climático trimestral. El Consejo Hídrico Federal (Cohife), junto con organismos nacionales, emite boletines específicos sobre la situación hidrometeorológica en fase Niño. El INTA, la Oficina de Riesgo Agropecuario y las bolsas de cereales difunden informes sobre reservas de agua en el suelo, estado de los cultivos y riesgo por zona. A eso se suman las imágenes satelitales de acceso libre, que permiten ver la evolución del agua en superficie lote por lote.La clave está en combinar esa información general con el dato propio: los registros de lluvia del establecimiento, la profundidad de la napa, el historial de qué lotes se inundaron en eventos anteriores. Un pronóstico regional dice qué puede pasar; el conocimiento del propio campo dice dónde va a doler más. Con ambas cosas sobre la mesa, la planificación deja de ser una apuesta y pasa a ser una gestión del riesgo.Decisiones a campoQué sembrar y dónde. En un año con alta probabilidad de excesos conviene revisar el plan de siembra lote por lote. Mantener cubierto el suelo con cultivos vivos también ayuda a consumir agua y a sostener la estructura. Cuándo sembrar. Las ventanas de siembra pueden achicarse de golpe. Tener definido de antemano un plan B (por ejemplo, alternativas entre fechas tempranas y tardías, o cambios de cultivo si una fecha se pierde) permite reaccionar rápido en lugar de improvisar cuando el lote finalmente da piso.Con qué máquinas. En campos problemáticos, la maquinaria marca la diferencia entre entrar o no entrar. Rodados de alta flotación o duales, presiones de neumáticos adecuadas, orugas en las tolvas y, cuando el suelo no permite el ingreso, pulverización aérea o con drones. Abastecerse mientras se puede. Semillas, fertilizantes, gasoil, sales y alimento para la hacienda deberían estar en el campo antes de los meses más complicados, cuando todavía se puede entrar y salir sin riesgo.Asegurar la salida de la producción. Es uno de los puntos más olvidados. Si hay riesgo de que los caminos se corten durante la cosecha, conviene prever dónde se va a almacenar el grano en el propio campo: silobolsas ubicadas en sectores altos, con piso firme y acceso que no dependa del tramo más bajo del camino. En los tambos y en la ganadería, pensar con anticipación las reservas de forraje y los potreros altos adonde mover la hacienda. Tras la quiebra: la Justicia busca posibles compradores para una reconocida algodoneraLa anticipación no es solo agronómica. Antes de sembrar es el momento de revisar el seguro: muchas pólizas básicas cubren granizo, pero no excesos hídricos, y existen coberturas adicionales o multirriesgo que conviene conocer y comparar. También es momento de pensar en la liquidez: si la cosecha se demora o no se puede sacar a tiempo, ¿hay margen para cubrir los compromisos de esos meses? Escalonar ventas, usar coberturas de precio, no concentrar todos los vencimientos en la misma fecha y evitar contratos de entrega con plazos demasiado ajustados son decisiones que se toman con calma ahora y que valen mucho más que cualquier apuro después.Por último, conviene conocer cómo funciona el sistema de emergencia agropecuaria (ley 26.509) y llevar registros de lo que ocurre en el campo: fotos, lluvias, superficies afectadas. Si llega a declararse la emergencia en la zona, contar con esa documentación agiliza cualquier trámite.El Niño es un fenómeno natural, recurrente e inevitable. Lo que no es inevitable es que nos tome por sorpresa. Hoy sabemos, con meses de anticipación, que la primavera y el verano vendrán probablemente más húmedos en gran parte de la región productiva. Esa información, bien leída y combinada con el conocimiento del propio campo, permite decidir mejor qué sembrar y dónde, preparar las máquinas, abastecerse a tiempo, asegurar la salida de la producción, cuidar el suelo y proteger las finanzas.No se trata de tener miedo al clima, sino de usar lo que ya sabemos. Esa es, en definitiva, la diferencia entre padecer un año Niño y atravesarlo.La autora es ingeniera agrónoma, productora y docente de la Licenciatura en Producción y Gestión Agropecuaria y de la Tecnicatura en Producción y Gestión Animal de UADE

Fuente: La Nación