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Las tres hipótesis que se recortan tras el hallazgo del cuerpo de la docente Nanci Godoy
Cuando hace unos tres meses asumió el cargo de directora suplente en la Escuela N° 626 del paraje El Malezal, en uno de los confines de la estancia El Curupí, en el sur de Corrientes, Nanci Godoy se convirtió en un problema. En medio de ese paisaje desolado al que llegaba desde su casa en la localidad de Esquina tras horas de viaje en vehículo por rutas de asfalto y tierra, y a caballo a través de bañados y pajonales, la docente se encontró con que debía trabajar en un lugar imposible. Dos meses y medio después de empezar, y luego de denunciar el estado calamitoso de lo que ella misma definió como una “escuela fantasma”, a Nanci la mataron y descartaron su cuerpo.El desafío para la Justicia de Corrientes será, ahora, comprobar quién la mató y desentrañar con qué fin lo hizo: se recortan en el horizonte inmediato del proceso una hipótesis -la del abuso sexual seguido de muerte, que encapsula el móvil en un motivo personal- y dos contextos que llevan a analizar el crimen a través del prisma de eventuales intereses espurios o actos de corrupción que Nanci Godoy podría haber descubierto o entorpecido: entre ellos, la actividad relativa a los anteriores directivos de la escuela (que expone al Ministerio de Educación provincial) y la de los cotos de caza que funcionaban en las inmediaciones del establecimiento. Incluso antes de encontrar el cadáver, el Ministerio Público de Corrientes daba por hecho que la maestra había sido víctima de un asesinato. De hecho, detuvieron a cinco personas, todos empleados de la estancia El Curupí, y a cuatro de ellos les imputaron la coautoría del crimen: a tres hombres (el capataz Ireneo Zarza, el peón Felipe Sandoval y el puestero Sergio Rojas) como coautores de femicidio, y a la puestera Rosa Leguizamón como autora de homicidio simple. En la tapera en la que solía acovacharse Zarza se encontraron prendas de vestir quemadas; en la casa de Leguizamón y Rojas, en la cercana localidad de Sauce, fueron halladas una campera negra y las alpargatas de Nanci. Por el hecho también está detenido otro peón, Ernesto Ezequiel Bordón, que inicialmente dijo que a la maestra la habían matado unos compañeros suyos, aunque después su abogado dijo que lo había confesado bajo tortura policial. Los cinco están en prisión preventiva. Pero eso no hace más que marcar el comienzo de la parte más relevante de la pesquisa. Ahora que ya no se trata de una desaparición, sino de un crimen, los fiscales Javier Mosquera y María Andrea González, pertenecientes a la Unidad Fiscal de Investigaciones Concretas (UFIC) de Esquina, deberán dejar que el cuerpo de Nanci “hable” para definir, a partir de las reglas y las artes de la criminalística forense, las causas directas y las circunstancias de la muerte de la maestra. Esto incluye no solo la mecánica del crimen, sino la fecha probable del asesinato y el escenario primario del homicidio.Para los representantes del Ministerio Público, el lugar donde apareció el cuerpo (unos 15 kilómetros al este de la escuela) es la escena secundaria del crimen; los fiscales sospechan que a Nanci Godoy la mataron en un radio acotado que incluye la escuela, la tapera de Zarza y el Puesto 9, a cargo de Leguizamón y su pareja, Rojas.La autopsia tendrá que develar otro aspecto central: si hay signos de abuso sexual, algo que podría circunscribir el homicidio como un medio para ocultar el delito anterior, o sea, una eventual violación.Pero la hipótesis del homicidio para ocultar otro crimen o para lograr su impunidad no se reduce exclusivamente a la hipótesis de la violación seguida de muerte. La llegada de Nanci Godoy a la pequeña escuela en el medio del campo abrió una caja de Pandora. La docente documentó un escenario desolador: una escuela no solo inutilizable, sino con claros signos de abandono; allí, obviamente, no se daban clases.Godoy había denunciado al director titular de la escuela rural porque, según sostuvo, había asistido al establecimiento apenas tres veces en dos años y cobraba su sueldo pese a no concurrir a trabajar. También presentó una nota contra la supervisora escolar de la zona por no haber controlado al responsable del colegio. Eso generó un sacudón que llegó hasta el propio Ministerio de Educación de Corrientes.“Era una escuela fantasma, con alumnos fantasmas”, describió Nanci en uno de los siete mensajes de audio que le mandó a Erika, otra maestra. Estos mensajes forman parte del expediente que se instruye en la fiscalía de Esquina.“El daño que le hizo el otro director a esos pobres gurises no tiene nombre. Si tenés un cargo y cobrás, tenés que ir a trabajar”, expuso Godoy, que grabó un video en el que documentó el estado calamitoso de la escuelita rural, con baños tapados, sin agua ni luz (el director anterior omitió darle la llave del galpón desde el cual se accionaban los paneles solares que dan energía eléctrica al lugar) y con el escaso material didáctico inutilizado.Esas circunstancias, por sí solas, descorren el velo de actos que configuran una defraudación a la administración pública. Ahí podría haber un motivo para el crimen: sacarse de encima a alguien que había denunciado y que estaba dispuesta a ratificar donde correspondiera todo eso que había visto y documentado.Pero el estado desolador de la escuela podría significar algo más que simplemente la “avivada” de un director que prefirió abandonar a los niños a la buena de Dios, negarles la enseñanza en el lugar y seguir cobrando el sueldo.En el vastísimo espacio de miles de hectáreas entre El Curupí y la localidad de Sauce (donde vivían los puesteros Leguizamón y Rojas hasta que los detuvieron) hay al menos siete cotos de caza identificados. La fauna de la zona (que incluye antílopes negros, jabalíes, cabras salvajes, algún felino y ciervos axis, el trofeo mayor) atrae a cazadores nacionales y del extranjero que se instalan en establecimientos de la región durante varios días con el objetivo de llevarse una pieza con la precisión de sus armas largas.En los investigadores del caso, desde el principio, está en el menú de hipótesis la posibilidad de que, en ese entorno, los puesteros y el capataz de El Curupí hayan aprovechado ese contexto para prestar un servicio propio a los cazadores; quizás la escuela estaba vacía porque se necesitaba que allí no hubiera niños dando vueltas e incluso que esas paredes y techo sirvieran como refugio para los expedicionarios con sus armas en busca de especies exóticas para matar.En ese opaco contexto, en el que la ausencia de chicos y de directivos “de afuera” podía representar una condición, la presencia tozuda de una mujer dispuesta a asumir la dirección de la escuela y volver a hacerla funcionar era un problema. Quizás alguien entendió que había que quitar a Nanci Godoy del medio para hacer desaparecer ese obstáculo.
Fuente: La Nación