David Romero, de sus comienzos como arquero al salto a Parma: las dificultades de su carrera y su nueva vida en Italia

Antes de convertirse en una de las revelaciones del fútbol argentino y dar el salto a la Serie A, José David Romero tenía una relación muy distinta con los goles: intentaba evitarlos. A los siete años comenzó a jugar como arquero en Corrientes, sin imaginar que tiempo después se transformaría en delantero y que su carrera lo llevaría hasta Italia. Hoy, a los 23, atraviesa sus primeros meses en Parma, que desembolsó una cifra que puede alcanzar los 8,5 millones de euros -si cumple ciertos objetivos- para incorporarlo desde Tigre. Ya convirtió dos goles en ocho partidos de liga y se incorporó a un plantel con una numerosa presencia argentina, un factor que facilitó su adaptación a una experiencia completamente nueva.“Todavía no tomo conciencia de todo, pero sí lo estoy disfrutando mucho. Fue un cambio muy grande pasar del fútbol argentino a la Serie A, que es una de las mejores ligas del mundo. Estoy tranquilo y disfrutando del momento”, contó Romero en diálogo con LA NACION desde la sala de prensa del club. Su llegada a Europa se produjo después de un brillante primer semestre de 2026 en el que convirtió 11 goles en 19 partidos con el Matador, lo que despertó el interés de Boca y otros clubes del exterior, y terminó por concretar el salto que tanto esperaba.El correntino reconoce que sus primeros partidos en Italia le dejaron buenas sensaciones, aunque el arranque de temporada no es el ideal, con apenas dos victorias en 11 partidos. “Me tocó convertir dos veces, un poco rápido, pero creo que podría haber hecho un par de goles más. Gracias a Dios me tocó convertir ya y nosotros los delanteros vivimos de eso”, señaló. La principal dificultad que encontró estuvo en el contacto físico con los defensores: “El fútbol de acá es un poco más rápido y muy físico, están todos bien armados. Se siente porque te agarran de espaldas y te tiran a la mierda, entonces hay que entrenar eso”. Y reconoció que ese es uno de los aspectos que más trabaja desde su llegada.La adaptación también tuvo un componente importante fuera de la cancha. En Parma se encontró con una nutrida colonia de compatriotas, integrada por Mariano Troilo, Christian Ordóñez, Franco Carboni, Lautaro Valenti y Thomas De Martis, que llegó en el mismo mercado de pases desde Lanús. Además de Benjamín Cremaschi, a quien suman dentro del grupo como medio argentino y estadounidense. “Los chicos al principio me traducían lo que por ahí no entendía y me recibieron muy bien desde el primer momento. Estoy muy agradecido a ellos porque la adaptación fue rápida”, explicó. Entre las costumbres que mantienen aparecen el mate y el truco, habituales durante las concentraciones, mientras que el delantero comenzó a estudiar italiano para comunicarse con el resto de sus compañeros y el cuerpo técnico, comandado por el italiano Alberto Gilardino.Su incorporación se produjo, además, después de la salida de Mateo Pellegrino a Fiorentina, tras una destacada temporada del también delantero argentino. Romero, sin embargo, no considera que haya llegado con la obligación de reemplazarlo. “No hablé con él, pero tampoco sentí presión de nada. Creo que tenemos un juego un poco diferente”, dijo. Y definió sus características futbolísticas: “Creo que soy potente y me gusta ir al espacio y el contraataque. Eso es lo que más me gusta”.De Corrientes a Europa: los comienzos y las dificultadesEl recorrido de Romero comenzó en Boca Unidos, de Corrientes, donde realizó sus primeras etapas de formación. Aunque hoy se desempeña como número 9 (número que portó en Tigre y ahora en Parma), su primer puesto fue el de arquero. “Cuando arranqué, estaba en el arco, cuando tenía siete años. Pero después me fui más para adelante y ya en novena estaba jugando de nueve”, rememoró. Entre los futbolistas que admiraba de chico, mencionó al uruguayo Luis Suárez, en el plano internacional, y a Martín Palermo en lo local.Todavía adolescente, dejó su ciudad natal para sumarse a las inferiores de Talleres, en Córdoba. Sus padres lo acompañaron en aquel viaje, pero después debió acostumbrarse a vivir lejos de su familia. “Me costó al principio porque era chico y también me quedaba solo en la pensión. Recuerdo que costó bastante, pero después trataba de no pensar, de que el día pasara haciendo cosas para olvidarme un poco. Así fueron pasando los días y salí adelante”, relató. Aquella experiencia le permitió afrontar con mayor naturalidad su posterior mudanza a Europa, donde hoy vive acompañado por su novia y su hijo.En Talleres se destacó por su capacidad goleadora en las divisiones inferiores y debutó en primera en 2020. Sin embargo, su crecimiento no fue constante. Después de sus primeros partidos en el plantel superior, atravesó un período de lesiones recurrentes que recuerda como uno de los momentos más difíciles de su trayectoria. “En Talleres tuve muchas etapas en los que me lesionaba muy seguido y fue uno de los momentos que más me costó”.En 2024 pasó a préstamo a Deportes Unión La Calera, de Chile, donde encontró una oportunidad para recuperar continuidad. “El equipo estaba a punto de descender, fue un compromiso muy grande porque marchaba último. Pudimos salvarlo y ayudar a que se mantuviera en primera. Ahí me fue muy bien, pude hacer bastantes goles que sirvieron para que se mantuviera”, recordó. Al año siguiente llegó a Tigre, donde terminó de consolidarse y protagonizó una explosión futbolística que cambió el rumbo de su carrera.Durante el primer semestre de 2026 fue una de las figuras del equipo de Victoria. Entre sus actuaciones más destacadas estuvo el triunfo por 4-1 ante River en el Monumental, en el que convirtió un gol y aportó dos asistencias. Su rendimiento despertó el interés de la vereda de enfrente, aunque el delantero aclaró que nunca recibió una propuesta directa. “Yo creo que ellos se comunicaron de club a club, a mí no me llegó nada, pero sí había un interés. Me lo tomé con mucha calma y esperé el momento, que sea lo que Dios quiera”, explicó.Finalmente, Parma avanzó por su contratación y Tigre concretó una transferencia récord. “Uno de mis sueños siempre fue jugar en Europa. Cuando salió la posibilidad, la tomé con mucho entusiasmo porque era lo que quería y, por suerte, se terminó dando en Parma, que es un gran club”, expresó.Fuera del fútbol, Romero lleva una vida tranquila. Después de los entrenamientos y el almuerzo en el club suele regresar a su casa, donde pasa la tarde y, en ocasiones, realiza trabajos adicionales de gimnasio. La distancia con Corrientes sigue presente, aunque las videollamadas y los mensajes le permiten mantener el contacto permanente con su familia. “Se extraña de todo un poco, la familia, muchos amigos. También se extraña el país, porque no hay como la Argentina. Cuando estás lejos te das cuenta de eso, de que la Argentina es hermosa”, contó.Mientras Parma busca mejorar su comienzo de temporada, el delantero prefiere no apresurarse con los objetivos individuales. Y conserva una aspiración que acompaña su crecimiento profesional: llegar a la selección argentina mayor, después de haber pasado por los equipos juveniles. “Ojalá, es el sueño de todos. Esperemos que algún día llegue y vamos a trabajar para eso”, señaló. Por ahora, disfruta de su primera experiencia europea, consciente de que el camino que comenzó en Corrientes todavía tiene nuevos desafíos por delante.

Fuente: La Nación Deportes