General
Síndrome del “comprador arrepentido”: por qué tanta gente quiere vender su propiedad al año de comprarla
El llamado “síndrome del comprador arrepentido” empieza a aparecer en el mercado inmobiliario argentino. Se trata de personas que compraron una propiedad y, al poco tiempo, vuelven a ponerla en venta. Algo que parece inusual y, sin embargo, se repite. Según explica Luciano Lepore, director de Lepore Propiedades, detrás de este fenómeno hay una lectura mucho más interesante que el simple arrepentimiento. Señala el especialista que el mercado inmobiliario argentino volvió a tener movimiento y, después de años de caída, el valor del metro cuadrado comenzó a recuperarse. Detalla que, entre 2019 y 2023, el precio de las propiedades en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires atravesó cuatro años consecutivos de corrección. “El punto de inflexión llegó en 2024, cuando el valor promedio del metro cuadrado aumentó y la tendencia continuó tanto durante 2025 como en lo transcurrido en 2026”, aclara. Sostiene Lepore que, durante los años de caída de precios, gran parte de quienes compraban lo hacían buscando oportunidades. “Hoy empieza a aparecer nuevamente otro protagonista fundamental para cualquier mercado inmobiliario desarrollado: el comprador de reposición”, dice.Sobre este describe que se trata del propietario que, por ejemplo, compró un dos ambientes y ahora quiere pasar a un departamento de tres; el que resignó balcón o cochera y hoy puede buscar una propiedad que se adapte mejor a sus necesidades; o quien mejoró su situación económica y decide utilizar su inmueble actual como parte de pago para acceder a uno de mayor valor.“Yo pagaba el agua que consumían”: la historia del edificio usurpado por más de 100 okupas extranjeros en Núñez durante 20 años“En ese contexto, una propiedad que vuelve al mercado uno o dos años después de haber sido adquirida no necesariamente representa un comprador arrepentido”, advierte. “Muchas veces representa un propietario que vuelve a comprar”, añade.Y explica que la evolución del metro cuadrado es importante para analizar este tipo de situaciones porque modifica las expectativas. “Cuando los precios llevan años cayendo, tanto compradores como vendedores tienden a postergar decisiones: el comprador espera encontrar algo más barato y el propietario evita vender si considera que el valor de su activo está deprimido”, dice. Pero, cuando esa tendencia comienza a revertirse, el comportamiento cambia. “Quien estaba esperando para comprar empieza a percibir que la oportunidad puede no durar indefinidamente y quien ya es propietario recupera confianza para vender y utilizar ese capital para dar el próximo paso. Este círculo genera algo que el mercado inmobiliario argentino necesitaba recuperar: movilidad”, analiza.No obstante, aclara que la recuperación tampoco implica que los precios hayan regresado a sus máximos. “A pesar de las subas registradas desde 2024, el valor promedio del metro cuadrado en Buenos Aires continúa por debajo de su máximo histórico”, añade. Y considera que el mercado ya mostró señales concretas de recuperación, pero todavía tiene margen para continuar recomponiendo valores. “La estabilización macroeconómica, la recuperación del crédito y una mayor cantidad de operaciones pueden contribuir a profundizar esa tendencia”, asegura.Así es la casa de Lionel Scaloni en Mallorca: sencilla, de arquitectura mediterránea e ideal para disfrutar de los espacios exterioresPara Lepore es necesario reinterpretar el concepto de “comprador arrepentido”. “No necesariamente estamos frente a personas que se arrepienten de haber invertido en una propiedad; estamos viendo propietarios que compraron, se capitalizaron y descubrieron que existe nuevamente la posibilidad de vender para comprar algo mejor”, advierte. La razón es que, durante muchos años, esa cadena estuvo prácticamente detenida. “Que hoy un comprador pueda transformarse nuevamente en vendedor y después volver a comprar no es una señal de debilidad, sino una muestra de que el mercado inmobiliario está recuperando profundidad, confianza y movilidad”, finaliza.
Fuente: La Nación