Peces, pescadores, sapos, sirenas y pájaros: la poética del río en el arte de Paraná

PARANÁ. - Peces, pájaros, el Río Paraná, la intimidad de las casas, las labores de las abuelas, el barro. En la tercera edición de la Feria de Arte Paraná hay imágenes recurrentes que se replican en el paisaje de fondo de la Sala Mayo de Puerto Nuevo, donde transcurre el encuentro de diez galerías de arte y trece grupos de artistas. El espacio es una caja vidriada que balconea al río, rodeada de lapachos en flor. Es el gran protagonista de esta fiesta para artistas, gestores culturales, galeristas, curadores y coleccionistas de la escena local y de diferentes puntos del país. Adentro, cien creadores muestran lo que se ve y lo que no: una idiosincrasia compartida.Soltera y puritana, la maestra bostoniana que Sarmiento “reclutó” a finales del siglo XIXLa feria es abierta a la comunidad, con entrada libre y gratuita, organizada por la Municipalidad de Paraná, con apoyo del sector privado, que aporta cinco premios adquisición. Continúa hasta el domingo con recorridos guiados, charlas de muralismo, galerismo y coleccionismo, demostraciones, pintura en vivo, intervenciones y mapping. “Este año priorizamos a los proyectos independientes, que fueron el doble, porque se entusiasmaron con las dos ediciones anteriores de la feria. Había mucha gente que tenía ganas de participar y no tenía galería, entonces los alentamos a reunirse en proyectos grupales. Fue un trabajo en comunidad con los proyectos. Hicimos la convocatoria, reuniones, charlas informativas, visitas a los talleres”, dicen las coordinadoras generales, Verónica Moreira y Carla Brugo. También se trabajó la inserción de los alumnos de la Escuela de Artes Visuales Profesor Roberto López Carnelli, que colaboraron en el montaje y ofrecen visitas guiadas.Río abajo ya no hay tanta presencia de las creencias populares como en las provincias del Norte, y el verde ya no es selva feroz. Un Paraná a estas alturas menos mitológico y más manso, quizá. El barro está al alcance de la mano. El arte tiene algo de tarea doméstica: el crochet y los platitos pintados de los livings de señoras dejan sus rastros en el arte contemporáneo. “Creo que es un arte que crece a la hora de la siesta. Acá hay mucha tranquilidad”, observa el curador Joaquín Rodríguez, entrerriano. Es el temple de pescador, otra figura frecuente. Un imaginario más fantasioso y tranquilo, que se multiplica, por ejemplo, en sirenas en 33 Almacén de Arte, en pájaros bordados y pintados en Bruma Colectiva, y también nidos de cerámica. Hay una escultura de un hombre con un sapo en la cabeza, obra de Marcelo Meza. Faltaban los sapos.La Portland tiene fragmentos de esta postal: paisajes móviles de Federico Roldán Vukonich (una torre de adoquines con un espiral para ahuyentar mosquitos en el medio, valen oro cuando cae el sol y los insectos arrecian). Lázaro Olier hace un ejercicio: intenta captar el color que se refleja en las escamas de mojarritas en un atardecer. “El arte de esta zona está muy ligado al río, el color, las ondas y también nos alineamos en su defensa. Aparte de una identidad es algo emotivo porque disfrutamos mucho de nuestros ríos”, dice Mariela Herrera, artista textil de Entre hilos. Al lado, en Casa Banano, hay peces de cerámica, obras hechas con miel, canutillos o maquillaje. “Hago retratos de mi colección de cosas, floreros, adornos, muy de mi casa de mi infancia. Encontré esta paleta fabulosa de maquillaje en el mercado chino. Pienso en el sueño de la casa propia, la herencia, ¿qué tanta muerte se necesita para tener una casa? ¿qué tanta vida se le da con las cosas que se le ponen adentro?”, dice Lu Scutellá, que pinta casas de duende y de juguete.En El Farol hay garzas pintadas por Jorgelina Parkinson y animalitos de río de Clorinda Mateos, junto con obras de maestros. No podía faltar la lujuriosa pintura tropical de César Bernardi, poeta de La Paz, Entre Ríos. Narra un río subjetivo, disidente. Adiós a las historias de superación: la discapacidad y los cuerpos no normativos entran a museos, teatros y cines por la puerta grandeHay oficios y técnicas diversas, más allá del caudal de pintura, fotografía y cerámica. En el espacio Bienvenidas, una obra de Noelia Fries tiene una frase bordada sobre una tela de algodón, con puntillas: “Mis puntadas te veneran y se vuelven verdad”. Recuerda a su abuela, que era bordadora a pedido, y ese era su sustento. Ahora su nieta dibuja con hilos. Pola Ortiz, de profesión titiritera, presenta autómatas.La Hendija presenta una obra colectiva, Obsoleto, un rejunte de tecnologías caducas en una instalación viviente: del secador de pelo salen imágenes proyectadas en la pared, todo emite sonidos, cruje y respira. “Tenemos objetos ensamblados, intervenidos, readaptados, muy ready-made. Recibimos un premio estímulo”, explica Coty Carbone, autora junto con Guido Bertos, Pájaro Carreira, Desi Darrichon y Cynthia Fistraiber. Otro espacio singular es el del colectivo Bolaceros, que armó un festejo infantil con globos y bolsas de cumpleaños con obras sorpresa a la venta.Blanca Irradiante es la nueva galería de la ciudad, fundada por la actriz y artista Silvina Fontelles arriba de su sala de teatro. “El arte acá es muy ecléctico”, observa. Presenta obras de vidrio, de impresión 3D, y un ensayo fotográfico entrañable de Julián Villarraza sobre la geometría de los arcos de fútbol de los potreros. “Se llama El Otro Mundial. Hay arcos hechos con redes de pesca”, señala. Todos quieren llevarse la pelota de 1905 que acompaña la puesta.El recorrido por los espacios de arte de la ciudad guarda sorpresas, como la muestra de la galería Gap de pinturas de Raúl González, escenas misteriosas en el puerto. En el Museo de la Ciudad, la exposición Lo que sostienen las Flores, de Valentina Bolcatto, curada por Valeria López, continua con una recorrida por el cementerio, porque esas son las flores que ella pinta. El Museo Provincial de Bellas Artes celebra cien años con un recorrido por la historia del arte de la ciudad guiado por artistas. Otro espacio imperdible con blacón al río es La Portland, donde se ve Claridad y un resto frágil, de Karen Spahn y Carlos Battauz. En Archicofradía, expone Emilia Reniero. 33 Almacén de Arte es otro reducto de arte con una muestra colectiva de todos sus artistas. Casa Banano, una de las más antiguas y de mejor jardín, hay instalaciones de Milagros Waigadt hechas con miel de abejas y de Sol Yedro. En la obra de Belén Céspedes se recrea el ruido de la vertiente, el agua subterránea que corrre por debajo de las casas viejas y hace vibrar las paredes. Hay río, adentro y afuera de las salas de arte.

Fuente: La Nación