Cambio de hábitos: creció un 6% la demanda de pastas y las familias eligen las variedades más económicas

El consumo de pastas secas en la Argentina creció un 6% durante los primeros nueve meses de 2026 respecto del mismo período del año pasado, en un contexto de dificultades económicas para las familias y cambios en los hábitos de compra. Aunque la demanda aumentó en volumen, la industria advierte que los consumidores están optando por variedades más económicas, en detrimento de los productos de mayor calidad y precio. Según estimaciones sectoriales, el mercado argentino consume alrededor de 400.000 toneladas anuales de pastas alimenticias, mientras que el consumo per cápita se ubicaría cerca de los 11 kilos al año.Los datos surgieron durante un encuentro que reunió a representantes de las industrias de pastas secas y frescas, dos sectores que históricamente trabajaron por separado y que ahora buscan impulsar iniciativas conjuntas. Participaron Juan Manuel Airoldes, de la Unión de Industriales Fideeros de la República Argentina (Uifra); Diego Ogando, del Centro de Fabricantes de Pastas Frescas de la República Argentina, y Cristian Boullosa, del Centro de Fabricantes de Pastas Frescas de la Capital Federal.Un referente de la poderosa industria alimentaria de Brasil sobre las medidas de Milei: “Son muy duras y perjudican principalmente a los más pobres”Airoldes confirmó que el consumo de pastas secas aumentó un 6% entre enero y septiembre de este año, en comparación con igual período de 2025. “Es un montón”, expresó al referirse al crecimiento registrado en un mercado de consumo masivo. El industrial precisó que la comparación corresponde exclusivamente a las pastas secas y destacó que la demanda se mantiene firme, incluso en un contexto de restricciones sobre el poder adquisitivo.Sin embargo, el aumento de las cantidades consumidas no se traduce necesariamente en una mejora de las condiciones económicas de las empresas. Por el contrario, el sector observa una mayor demanda de productos baratos y una caída de la participación de las pastas elaboradas con materias primas de mayor valor.“Nuestro desafío, como sector de pastas secas, es recuperar la calidad. Los niveles de calidad, dada la situación económica, han ido en retroceso. Hoy el público demanda más pasta, pero demanda pasta de menor precio”, explicó Airoldes.Para dimensionar ese cambio, recordó que en 2014 alrededor del 40% de las ventas correspondía a pastas de sémola de trigo duro, consideradas dentro de los segmentos de mayor calidad. Actualmente, según indicó, esa participación se redujo a aproximadamente entre el 25% y el 27%. “Claramente queremos volver a eso. Vendemos mucho, pero explotamos mucho y sin margen porque son productos muy baratos”, señaló.Durante el encuentro, los representantes sectoriales estimaron que en la Argentina se consumen alrededor de 400.000 toneladas de pastas alimenticias por año, aunque aclararon que no tenían precisado si ese volumen incluye la totalidad de las pastas frescas. En cuanto a la composición del mercado, explicaron que las pastas secas representan aproximadamente el 85% del consumo y las frescas el 15% restante. Las pastas frescas también reflejan un cambio de hábitos (Gentileza Casa Pasta e Basta)Otro de los datos mencionados fue el consumo por habitante, que habría pasado de 9 a alrededor de 11 kilos anuales este año. No obstante, los dirigentes aclararon que se trata de cifras aproximadas y que no cuentan con estadísticas completas para establecer con precisión la evolución del consumo de ambos segmentos. La estimación de 11 kilos correspondería al conjunto de las pastas alimenticias.En el segmento de las pastas frescas, el cambio de hábitos se refleja especialmente en los productos que eligen los clientes. Los representantes del sector también observaron que las pastas pueden complementar otros alimentos cuyo precio aumentó, particularmente la carne vacuna. En lugar de preparar una comida centrada en una porción importante de carne, algunas familias recurren a preparaciones en las que utilizan cantidades menores, acompañadas de fideos o pastas rellenas, según describieron. En ese sentido, Ogando mencionó que también están cambiando los sabores elegidos por los consumidores de pastas frescas. Mientras que históricamente predominaban los rellenos de ricota, verdura o combinaciones de ambos ingredientes, actualmente observan una mayor búsqueda de variedades con pollo y carne. “La gente que busca proteína la va encontrando con el huevo y la sémola. Así que de alguna forma la pasta fresca también funciona como sustituto dentro de lo que es la alimentación”, explicó.Para los fabricantes, el fenómeno muestra que las pastas no necesariamente compiten con otras comidas, sino que pueden convertirse en una alternativa para reorganizar el presupuesto destinado a la alimentación.En este contexto, Boullosa puso el foco en la carga tributaria que enfrentan las empresas y reclamó medidas para reducirla. “El principal problema que tenemos son impuestos. No sacaron impuestos. Lo que hay que hacer es achicar”, afirmó. También cuestionó las diferencias en el tratamiento impositivo de los productos: “Hay cosas chicas del 21% y otras que no lo tienen”.Otro de los temas abordados fue la competencia de los productos importados. Según Airoldes, 2025 registró un récord histórico de importaciones de pastas secas, con un promedio de aproximadamente 400 toneladas mensuales. “Nunca en la historia se importó tanta pasta como en el año 2025”, afirmó. Sin embargo, durante 2026 se produjo una desaceleración. El promedio de importaciones entre enero y septiembre fue de 300 toneladas mensuales, mientras que en el tercer trimestre descendió a unas 130 toneladas mensuales. “Si nos focalizamos en el último trimestre, ese promedio baja a 130. Casi diría que hay un desplome de la pasta importada”, dijo.El directivo, relativizó el impacto de las importaciones sobre la producción nacional. Explicó que, incluso durante el período de mayores ingresos de productos extranjeros, las pastas importadas apenas llegaron a representar alrededor del 1% del mercado argentino, mientras que actualmente su participación se ubicaría cerca del 0,6%.

Fuente: La Nación