La paradoja que vive la hotelería argentina

La hotelería argentina vive una paradoja. Mientras el sector avanza con cerca de 100 proyectos de inversión en 17 provincias, los empresarios advierten que la rentabilidad sigue bajo presión por los altos costos, el tipo de cambio y la pérdida de competitividad frente a otros destinos de la región.En ese escenario conviven apuestas millonarias de largo plazo con balances mucho más ajustados en el presente. El auge de los proyectos premium, el impulso de plazas como Mendoza, Ushuaia y Neuquén y la llegada de nuevas marcas contrastan con un mercado que todavía enfrenta dificultades para trasladar los mayores costos a las tarifas.Matchmaking. El exGlobant que creó una startup para quienes están cansados de las apps de citasEl mapa de las inversiones está encabezado por Mendoza, con 19 proyectos, seguida por la provincia de Buenos Aires, con 14, y Neuquén, con nueve. En términos regionales, la Patagonia concentra el 27% de las iniciativas, Cuyo el 21% y el Litoral y la provincia de Buenos Aires representan otro 15% cada uno, según un relevamiento del Observatorio Económico Hotelero de la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina (AHT), actualizado a junio de 2026.“Tenemos medidos casi 100 proyectos en distintos procesos, desde próximas aperturas hasta desarrollos proyectados para 2028 y 2029. Hay oportunidades especialmente en destinos consolidados y en segmentos de alta gama. Hay proyectos a largo plazo y también mucho interés de las distintas cadenas en traer más marcas a la Argentina”, afirmó Franco Di Pasquo, director ejecutivo de la AHT.En conjunto, los segmentos Luxury y Upper Upscale representan un 39% de los proyectos en desarrollo, con especial concentración en Mendoza y Ushuaia. Actualmente, las habitaciones pertenecientes a esas categorías representan alrededor del 13% de la oferta hotelera argentina; proporción que se encuentra por debajo de otros mercados de la región, como Chile (34%) y Uruguay (27%).Sin embargo, la recuperación no es uniforme. Datos de las cadenas exhiben que los hoteles ubicados en destinos vinculados con el turismo receptivo muestran un desempeño más favorable que los que dependen casi exclusivamente del viajero argentino.La pérdida de competitividadLa principal dificultad para los hoteles hoy no pasa por la ocupación, sino por los márgenes. La energía, los salarios y los impuestos aumentaron por encima de la capacidad de los establecimientos para trasladar esos incrementos a las tarifas. “El problema en el turismo receptivo no es de demanda u ocupación, sino de rentabilidad del negocio”, advirtió Di Pasquo.Desde la cadena Álvarez Argüelles señalaron que las tarifas hoteleras en dólares mantienen cierta solidez frente al año anterior y a los años recientes. Sin embargo, la estructura de costos obliga a revisar los procesos internos para sostener la ecuación económica. “Los términos de rentabilidad del negocio están presentando una reconfiguración, con nuevas relaciones internas a la hora de cumplir las metas de retorno”, afirmó Matías Basanta Álvarez, vicepresidente de la cadena argentina.Para el ejecutivo, la reingeniería de procesos, la eficiencia energética y la incorporación de herramientas tecnológicas para automatizar tareas repetitivas y de back office se volvieron estratégicas. “Hay una severa presión de egresos, principalmente en pesos, que hoy no tiene una correlación clara con la devaluación del tipo de cambio. Por eso existe una gran necesidad de trabajar en eficiencia”, sostuvo.Desde Amerian, Roberte Amengual, presidente de la cadena, advirtió que la oferta hotelera creció durante la última década a un ritmo dos veces superior al de la demanda, sin incluir el avance de los alquileres temporarios no registrados. Esa expansión, explicó, intensificó la competencia y limitó la posibilidad de aumentar precios.“Actualmente, la Argentina atraviesa una pérdida de competitividad frente a otros destinos de la región debido a un encarecimiento en dólares. Esta dinámica ha desacelerado el turismo receptivo internacional, relegando el liderazgo local frente al crecimiento sostenido de mercados como Brasil, Colombia y Chile. Este fenómeno es palpable en Foz de Iguazú, donde los costos pueden ser hasta un 75% más bajos que del lado argentino, permitiendo ofrecer tarifas mucho más competitivas al mercado internacional”, indicó.El diagnóstico también es compartido por el Grupo Alvear, que lleva adelante una de las mayores inversiones hoteleras actualmente en ejecución en el país. La compañía destina US$150 millones a la reconversión y reapertura del histórico Plaza Hotel, frente a Plaza San Martín. El proyecto combinará 180 habitaciones con 55 residencias y prevé su inauguración para 2029.“El 2024 marcó un piso para los niveles de demanda. El 2025 mejoró levemente y esa tendencia se mantiene en 2026 en los destinos turísticos principales, aunque lejos de los niveles históricos. Los destinos turísticos secundarios y muchos destinos corporativos no han recuperado aún la demanda prepandemia”, señaló Roberto Amengual, presidente de Amerian.Según el ejecutivo, las llegadas desde algunos países limítrofes se desaceleraron, mientras que Brasil mantuvo un volumen relevante y crecieron los viajeros provenientes de Estados Unidos, Europa y China.El diagnóstico es compartido por Matías Basanta Álvarez, vicepresidente de la cadena Álvarez Argüelles, que cuenta con 13 hoteles distribuidos en siete destinos del país. Según el ejecutivo, los mercados con mayor participación de turismo internacional, buena conectividad y una agenda activa de eventos evolucionaron de manera más favorable. En esa categoría, Buenos Aires y Ushuaia aparecen entre los destinos de mejor desempeño para la cadena.Para Basanta Álvarez, también cambió la composición del turista receptivo. “Hay una migración desde un perfil de huésped que quizás buscaba más por precio hacia uno más sensible a la propuesta gastronómica, cultural y al paquete integral de nuestras ofertas”, señaló.En esa línea, Di Pasquo destacó especialmente el avance del mercado chino. La AHT trabaja desde hace dos años en programas de capacitación para adaptar la oferta hotelera a sus necesidades. Se trata, en general, de viajeros con mayor poder adquisitivo que en décadas anteriores y que suelen trasladarse en grupos.Buenos Aires funciona como la principal puerta de entrada, aunque muchos visitantes continúan viaje hacia Iguazú y destinos patagónicos como El Calafate, Ushuaia y El Chaltén. A la demanda vacacional se suma además el movimiento de ejecutivos vinculados con inversiones, minería, energía y otros sectores productivos.

Fuente: La Nación