Deportes
Radiografía del deporte nacional: presupuesto bajo, falta de infraestructura y algunas figuras con proyección
El organigrama del Estado muchas veces se confunde con un relato kafkiano. Quién se encarga de qué, cuáles son los procedimientos que habilitan acciones y cómo se ubican los escalafones que definen la toma de decisiones son preguntas que conforman un laberinto, por momentos, difícil de desentrañar.Desde el 13 de julio de 2026, el deporte argentino se suma a esta incertidumbre burocrática: ese día, el Boletín Oficial publicó el decreto 581/2026, la reestructuración que devolvió la Subsecretaría de Deportes a la órbita de la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes que conduce Daniel Scioli. Menos de tres semanas después se conoció la renuncia de Diógenes de Urquiza, que hasta entonces respondía directamente a la Jefatura de Gabinete y ocupaba, al mismo tiempo, la dirección del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD).Tres meses más tarde, esos dos lugares aún siguen difusos, la figura del subsecretario de Deportes quedó borrada bajo el semblante de Daniel Scioli, que reparte su agenda entre el turismo, el ambiente y el deporte. Mientras que la cabeza del ENARD fue delegada a Mario Moccia, que a su vez preside el Comité Olímpico Argentino (COA) y la Organización Deportiva Suramericana (Odesur). Quizás sean demasiados puestos para muy pocas personas.Aunque la pregunta de fondo no se responde únicamente con nombres y cargos, sino que busca entender qué significa, en la práctica, que el área de deporte pierda una conducción exclusiva justo cuando arranca la cuenta regresiva hacia los Juegos Panamericanos de Lima 2027 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Quién firma, quién pide los refuerzos, a quién recurren una federación o un club cuando algo no alcanza. Y cuánto margen de autonomía le queda a una gestión deportiva que maneja hoy cerca de un tercio de los recursos que tenía en 2023.Break pointDiógenes De Urquiza, hombre de Mauricio Macri, había llegado a la Subsecretaría en julio de 2024 luego de que dos breves gestiones anteriores fracasaran en el inicio del gobierno de Javier Milei. Sin embargo, casi dos años después, el entonces funcionario presentó su renuncia mediante una carta dirigida al Presidente en la que no nombró a Scioli, pero hubo quienes lo leyeron como causal. “Vine con la convicción de enfrentar las viejas prácticas que tanto daño le hicieron al Estado”, escribió.Al parecer, la fricción no era nueva. Hasta noviembre de 2025, Deportes ya había dependido de Scioli. Según fuentes de la Casa Rosada, consultadas entonces por LA NACION, el secretario “estaba muy encima del área”, y por eso De Urquiza pidió pasar a responder directamente a la Jefatura de Gabinete. Pero la reestructuración de julio lo devolvió al punto de partida. En el entorno del exsubsecretario apuntaron también a Moccia y a una disputa por el control del presupuesto del ENARD, el organismo que De Urquiza dirigía en paralelo.Por su parte, Daniel Scioli prefiere no entrar en esa historia: “Más que lo que pasó, puedo hablar de dónde estamos y hacia dónde vamos”, responde en una charla con LA NACION cuando es consultado por su relación con Diógenes. Atribuye el cambio a una decisión que lo excede: “Hubo una decisión en el máximo nivel del gobierno para que la Secretaría de Deportes esté integrada en esta Secretaría y así fue. Yo por Diógenes guardo respeto y jamás van a escuchar de mi parte un comentario contra una persona que tiene todo su trayecto en el deporte. Pero estamos en otro tiempo”. Para Scioli ese “otro tiempo” se opone profundamente a la idea de una degradación del área: “Tiene más jerarquía que nunca. Depende nada más y nada menos que de la Jefatura de Gabinete. ¿Más jerarquía que eso?”, plantea. “No fue denigrada a Subsecretaría: es una Secretaría de la cual soy responsable”. En los papeles, sin embargo, Deportes sigue siendo una subsecretaría, ahora sin titular, dentro de una secretaría que comparte con otras dos áreas y que depende de la Vicejefatura de Gabinete. El propio documento que el Gobierno entregó a este diario para respaldar su gestión habla, una y otra vez, de la “Subsecretaría de Deportes de la Nación”. Cuando se le consulta sobre el funcionamiento del área, lo que describe Scioli parece más un método de trabajo que a una estructura burocrática. El secretario se reúne periódicamente con los tres directores nacionales, Diego Domper (director nacional de Planeamiento Deportivo), Leonardo Villafranca (director nacional de Desarrollo Deportivo, Federativo y Representación Nacional) y Sebastián Neuspiller (director nacional de Desarrollo Deportivo Ciudadano), a quienes define como “absolutamente empoderados”. Se desprende de este modus operandi, una conducción tripartita, con Scioli como quien emite el veredicto final. En este sentido, el exmotonauta defiende su jerarquía a capa y espada, si un tema se traba es él quién podrá resolverlo con solo levantar un teléfono y comunicarse directamente con la Secretaría General de la Presidencia o el propio Milei. En su mirada, además, el deporte ganó algo al quedar pegado al turismo, ya no se tratan de cosas separadas, sino que el Secretario intenta difundir un nuevo término llamado “turismo deportivo”: “Todos los eventos que conseguimos movilizan gente, llenan plazas hoteleras y generan difusión”, dice, y enumera el MotoGP, el Dakar en Córdoba y el regreso de la Fórmula 1 que promete. Puertas adentro del ENARD, el cambio se lee con menos épica. “No hubo grandes cambios. Sí cambia el soldado que lucha por el presupuesto, porque no es Diógenes el que lo dice, ahora es Mario (Moccia)”, resume Pablo Fuentes, gerente técnico-deportivo y de comunicación del ente, en diálogo con LA NACION. Fuentes, que trabajó con De Urquiza y dice apreciarlo “desde hace muchos años”, cuenta la salida a su manera: “Él no se sintió cómodo con la continuidad en ambos lugares y prefirió dar un paso al costado”. Hoy Moccia ocupa el rol de máxima referencia en el ENARD y dos gerencias llevan la gestión diaria. “La planificación que tenemos hoy es la misma que estaba con Diógenes. El sistema de trabajo no cambió nada”, asegura. Y agrega lo que tampoco cambió: “Los presupuestos que tenemos”.Todo tiempo pasado ¿fue mejor?Inés Arrondo conoce el área pero del otro lado del mostrador. Fue Secretaria de Deportes entre 2019 y 2023, durante el gobierno de Alberto Fernández, cuando el sector tenía rango de secretaría dentro del Ministerio de Turismo y Deportes. Hoy se presenta como opositora a esta gestión, pero su preocupación no pasa por el organigrama: “El rango que se le da a un área tiene que ver con la cercanía que se le quiere dar respecto del poder central y también con el presupuesto”, explica en una charla con LA NACION.Para la ex Leona, no se trata sólo de un problema de jerarquías. “Si no se hubiera hecho el desastre que se hizo en materia de presupuesto y de inversión pública, tal vez el cambio de rango no sería algo tan complejo”, sostiene. “Pero forma parte de un todo, de una decisión política de que al deporte lo atienda quien quiera”. Y en relación a la acefalía que dejó la renuncia de De Urquiza, es tajante: “A las federaciones nacionales no las atiende nadie, a los clubes de barrio no los atiende nadie, a las y los atletas no los atiende nadie”. Arrondo pone sobre la mesa su propia gestión como contraejemplo, defiende que en su paso por la Secretaría se le dio otro rol al ENARD. “Cuando llegamos, el planteo era: a los que obtienen medalla los apoyamos. Para nosotros teníamos que desarrollar atletas de alto rendimiento para que consiguieran más medallas”, cuenta. Asegura que trabajaron con las federaciones sobre la franja de 13 a 15 años y que le “duplicaron” el presupuesto al ente, algo que ya había dicho en 2023, cuando el ENARD recibió una ampliación por decreto en medio de una inflación anual de 211%.Sin embargo, su gestión también dejó cosas a mitad de camino, como el sistema previsional para atletas que, según cuenta, quedó “a la firma del ministro de Economía”. Pero los números le dan la razón en lo central: la distancia entre ambas gestiones es enorme, y mucho más en el deporte de base que en el de alto rendimiento. Lógicamente Scioli tiene un número para cada cuestionamiento. “Hoy estamos hablando de un presupuesto para el deporte de alrededor de 50 millones de dólares, al que se agregan apoyos de YPF y Banco Nación”, dice. “Las becas se triplicaron con respecto a 2023”. Y cuando aparece la palabra recorte, la corrige: “Yo ni siquiera lo llamaría ajuste”. Prefiere hablar de “criterios de eficiencia en el gasto” en un país que necesitaba “un gran ordenamiento fiscal”. Los datos que el propio Gobierno entregó a LA NACION permiten poner esas frases en contexto. Para 2026, la Subsecretaría de Deportes tiene asignados 39.621 millones de pesos y el ENARD, 18.400 millones: casi 58.000 millones en total. Es 2,7 veces lo que fijó la ley de presupuesto de 2023. Pero entre enero de 2023 y diciembre de 2025 los precios se multiplicaron casi por nueve. Ajustado por inflación, el deporte nacional tiene hoy cerca de un 66% menos de recursos que en el último año de Fernández, según el relevamiento de Táctica, el Laboratorio del Deporte Argentino. Los 50 millones de dólares que menciona Scioli tampoco son todos del deporte. Corresponden al conjunto de la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes. Lo que efectivamente va al deporte ronda los 26 millones de dólares de la Subsecretaría y unos 12 millones del ENARD. Lo ejecutado cuenta una historia todavía más cruda. En el primer semestre de 2026, comparado con el mismo período de 2023 y en términos reales, el gasto en el ENARD cayó 49,3%; el de deporte comunitario, 82,8%; el de infraestructura deportiva, 30,8%. Las partidas para clubes de barrio y para competencias nacionales prácticamente desaparecieron: bajaron 98,8% y 99,7%, de acuerdo con Táctica.Becas más altas, menos becadosLa frase de las becas que anunció Scioli es, en parte, verdadera. El monto de cada beca del ENARD está en promedio 59,8% por encima de 2023 en términos re
Fuente: La Nación Deportes